20.9.10

Marcos legales del desalojo

- Mañana los legisladores de la oposición Rocío Sánchez Andía, Tito Nenna, Julio Raffo, María América González y Laura García Tuñón presentarán un proyecto para prorrogar la Ley de Emergencia Habitacional, ya prorrogada y con vencimiento en noviembre. La ley rige en la ciudad desde 2004; todos los gobiernos vetaron el artículo que suspende los desalojos de los inmuebles pertenecientes al Estado porteño, con uso para vivienda. Los legisladores presentaron otro proyecto para revertir el veto a la suspensión de los desalojos.

- De acuerdo con un informe de junio de la Defensoría General de la Ciudad, el gobierno porteño impulsó, entre 2008 y 2009, 96 de-salojos administrativos. Entre 1997 y 2007, se habían realizado 22.

- En mayo, el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) declaró inconstitucionales dos artículos del decreto 960/08 sancionados por el gobierno PRO que restringía el subsidio de Emergencia Habitacional. Una de las modificaciones introducidas por el decreto que modificaba al 690/06, que exigía situación de calle “efectiva y comprobable”. Las organizaciones denuncian que aún no se cumple con el fallo del TSJ.

- Desde 2008, la competencia en materia de delito de usurpación pasó de manos de la Justicia Nacional a la de la Ciudad. De acuerdo con el artículo 335 del Código Procesal Penal de la Ciudad el juez o el fiscal pueden ordenar la restitución inmediata del inmueble presuntamente usurpado. La Defensoría General advirtió que la medida permite restituir el inmueble “privando de toda objetividad e imparcialidad el procedimiento y anulando la garantía de la defensa en juicio”.

Los números de la discordia

Durante el primer año del PRO, según un informe de la Comisión de Vivienda de la Legislatura porteña, a partir de datos de la cartera social, hubo 3306 familias desalojadas, a un promedio de 10 familias por día, número que no se redujo en 2009. Para 2010 no hay datos oficiales sobre desalojos, pero el programa de Asistencia a Familias con Alta Vulnerabilidad Social tiene una población destinataria de 10.800 familias a ser asistidas. Dentro de este universo de familias están las que ya se encuentran desalojadas, las que están en situación de calle y las que continúan recibiendo un subsidio ya otorgado.

“El gobierno porteño debería realizar una estadística seria, pero no quiere que la problemática se difunda y se conozca su gravedad”, apuntó Jorge Abasto, integrante de la Coordinadora de Inquilinos de Buenos Aires (CIBA). Según cálculos de esa organización, el número de familias desalojadas llega a las cinco mil por año, por lo que, con un promedio generoso de cuatro integrantes por familia, serían 20 mil las personas que cada año quedan en la calle.

Para Rafael Atuati, de la Comisión de Paz y Justicia de la Parroquia Corazón de María, que junto a CIBA y otras organizaciones forman el Encuentro por el Derecho a Vivir en la Ciudad, el problema de la falta de respuestas a la emergencia “no es la falta de presupuesto sino la intención del gobierno macrista de expulsar a los pobres de la ciudad”. “Es sospechoso que digan que no hay plata cuando el Presupuesto de Desarrollo Social y el del Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) están subejectuados”, apuntó Atuati.

10.9.10

El Feder: "el arte permite salir de los canales habituales y no esperar que las cosas pasen".-



El jóven de Burzaco es uno de los tantos artistas callejeros que deja su huella en las paredes del Conurbano para difundir su arte y dejar su mensaje. Con un par de aerosoles en su mochila y la compañía de Valentina B, Federico Martínez sale a pintar (intervenir) paredes y por sus trabajos ya fue convocado a participar de una muestra en el Palais de Glace y sus stencils se difunden en marcas comerciales. Más allá de eso, el artista sostiene que "es importante que el arte se difunda" para darle más relevancia a su obra completa.

Por Nahuel Lag
Fotografía de Ignacio Martínez Aquino


Buenos Aires, septiembre 10 (Agencia NAN-2010).- Por el tamaño de las orejas, que de poco le sirvieron para escuchar el reclamo mundial por la paz, podría asociarse al ex presidente norteamericano George Bush con Dumbo. Pero el grupo BsAs Stencil le puso las orejas del ratón más famoso de las películas infantiles y se burló: "Disney War". "¡Guau!", exclamó El Feder cuando vio el stencil sobre una de las tantas paredes porteñas en las que se reprodujo. "Ahí estaba: una técnica sencilla que puede ser utilizada por cualquiera, pero con una vuelta de tuerca. Me hizo un click, podía llevar a la calle diseños, ideas y dibujos", garabateó Federico Martínez Aquino, el joven diseñador detrás del A.K.A (Also Known As, o su pseudónimo, digamos) que desde su taller en Burzaco apuesta al arte autogestivo para "poder salir de los canales habituales, ser independiente y no esperar a que las cosas pasen”, pese a que no reniega de las posibilidades abiertas por las grandes marcas en post de "difundir el arte y poder vivir” de lo que más le gusta.

La obra más fresquita de El Feder lleva unos quince días dando color a la esquina de Pellegrini y Boedo, en el centro de Lomas de Zamora, en una pared cedida por un banco internacional. Como toda obra callejera, juega a ser una "muestra permanente". Sin embargo, con varias cuadras pateadas en busca de paredes que le permitan descargar sus latas de aerosol y pintura, el diseñador de de la zona sur se alegra: "Pasé hace unos días y está intacta, todavía".

El miedo del artista callejero no pasa tanto por si alguien interviene sobre la obra y la agrega nuevos sentidos, eso es positivo y hasta abre la posibilidad a un pequeño duelo de respuestas artísticas con la pared como canal. El problema es que "le escarchen una firma", explicó el artista. La firma está más relacionada al graffiti, hijo directo del hip-hop newyorkino, que consta en estampar un pseudónimo por todos lados, y respetando los códigos sólo se puede tapar con una "bomba", o sea, una firma más grande que lleva más trabajo, al menos, dos latas de distintos colores. Con las obras murales del stencil es más difícil tapar la obra, pero hay maneras y maneras de intervenirla.

Los códigos ahora están claros, pero para El Feder la historia empezó en 2003 con la visión del Bush orejudo. Entonces, inspirados por el diseño y por el nombre del grupo de artistas, El Feder junto a Valentina Buratti (Valentina B) formaron Burzaco Stencil, un binomio artístico que hasta 2007 los llevó a dar sus primeros pasos en el arte callejero a pura radiografía, cutter, ideas y aerosol, con la mayoría de edad recién cumplida. "La consigna era pintar por todos lados", recordó el artista. Ahí empezó a gestarse esto del "arte conurbano" que Federico asegura no es más que un juego de palabras para diferenciarse de la "elite de capital", pero tuvo sus características.

Las primeras pintadas en Burzaco no fueron a la noche escapando de la policía o buscando una pared entre tanto artista callejero que da vueltas por la capital, sino en los mediodías de siesta en esa localidad de Almirante Brown. Por esos días, las stencil estaban impregnados de la influencia que según El Feder lo movilizan y que también lo llevaron a realizar trabajos gráficos para Rastrillo Records: “Siempre hay referencias al universo punk y hardcore, desde pendejo descubrí esa música y es la que me mueve. El mensaje de
do it yourself, el hazlo tu mismo. No hay que esperar a nadie, las cosas las tenés que generar vos".

Fue en una siesta que con Valentina B salieron los cuatro cuerpos de los muchachos de Queens que se hacían llamar Ramones. Los dejaron, desafiantes, sobre una pared y los parafrasearon: “Today Burzaco, Tomorrow the world”. Los BurzacoStencil también se animaron a parafrasear a personajes de la cultura televisiva y fue replicada por latas ajenas y estampadas en remeras. "Había gente que me decía: 'Vi el stencil en tal lugar, ¿estuviste por ahí?' Y yo les decía que no. Eso estaba buenísimo era un reconocimiento. Pero también nos tocó ver que estampen remeras y las vendan en locales de La Bond Street sin nuestro permiso", recordó El Feder sobre los stencil de la cara de la señora Mirtha Legrand y su "Carajo, mierda" o la frase de Roberto Galán: "Hay que besarse más", ilustrada con las lenguas de un par de mujeres apunto de encontrarse.

Para entonces, el artista del conurbano ya había abandonado la carrera de psicología y se había pasado a diseño gráfico: “No la podía patear más, pasaba más tiempo pensando o recortando stencils que leyendo para psicología". También llegarían las muestras de BurzacoStencil en el Centro Cultural Recoleta (CCR) y la publicación de sus trabajos en los libros 1000 Stencil y Hasta la Victoria Stencil! La exposición en una galería y la consolidación de los artistas callejeros abrieron una pregunta existencial que aún hoy se mantiene en tensión: "Cuando nos invitaron al CCR pensábamos en participar o no. Por un lado éramos artistas callejeros y la calle era nuestro lugar, si pintábamos en una galería perdía la esencia. Pero en un punto pensamos que lo mejor que podía pasar era que nuestro arte se difunda".

El camino de El Feder siguió de forma independiente y alcanzó en 2008 a exponer también en el Palais de Glace junto a otros 72 artistas, que no pasaban el cuarto de siglo, en la muestra Ficus Repens (Enamorados del muro). También fue convocado para participar en campañas de marcas deportivas internacionales. Pero ni la introducción del arte callejero a las galerías ni la absorción a cargo del marketing alteran al joven de Burzaco: "Varias veces pensé que la disciplina había llegado a la cresta de la ola, que no había nada más que hacer. Veía el stencil en remeras de Levis marca y hasta en campañas publicitarias de Cartoon Network, y pensé que el stencil moría absorbido por el sistema, pero cada año más gente sale a pintar a las calles y se renueva, y me sorprende. Mientras que cuando aceptó participar en una campaña es para poder vivir de lo que me gusta hacer".

Lejos de alarmarse, El Feder disfruta que el stencil esté institucionalizado hasta en las calles y que la gente, ahora, sea capaz de ceder una pared para que se realice una pintada. Los tiempos de pintar con la cara tapada "para darle más relevancia a la obra que al artista" ya los dejó atrás porque ya no tiene sentido cuando se participa con un nombre y el arte de cada uno se difunde.

La obra del diseñador de Burzaco anda por estos días por los caminos productivos del CAOS. La palabra suele aparecer en los murales repletos de imágenes etéreas que repite el estilo de la cultura del video-clip: “Primero que la pared, el diseño que surge a partir de ojear revistas, de volantes que junto, imágenes de internet, cosas que me gustan y voy guardando.

Después, la idea es jugar con el stencil en una multiplicación de capas para ir generando nuevas significaciones, con las mismas matrices". Aunque la galería de El Feder es la calle no busca la aprobación de su obra ni interpelar al público con un mensaje directo: "lo dejo a criterio del transeúnte puede darle la misma significación que nosotros u otra". La pelea del joven ficus-stencil es contra la polución publicitaria: "si la gente tiene que bancarse un montón de publicidades por todos lados por qué no embellecer la ciudad con las imágenes".

Entre paredes, aerosoles en paredes, o eventualmente para campañas, el camino de El Feder es el autogestivo y entonces abre los horizontes a la serigrafía (para estampar remeras o crear stickers) y la producción de fanzines, esa técnica que permite reproducir a pura fotocopia: diseños, bocetos y todo delirio gráfico. Y porqué no una alternativa de vida: "el fanzine permite llevar tu obra a un formato más accesible sin la necesidad de venderla a 500 pesos".

Entonces, el do it yourself del punk es el espíritu que El Feder busca en lo autogestivo: "Es algo muy positivo porque te permite encontrar a gente que quiere expresarse y comparte los valores del hazlo tu mismo y lo hace porque quiere expresarse y no por un billete. La autogestión ya sea desde fanzines a estampar tus remeras, habla de generar y no quedarse dormido esperando. Poder salir de los canales habituales, ser independiente y no esperar que las cosas pasen”.

Sitio El Feder: http://www.elfeder.com.ar/
Sitio BurzacoStencil: http://www.burzacostencil.com.ar/

1.8.10

Yendo de la villa al barrio

En Villa Palito, La Matanza, la iniciativa partió de la organización vecinal. En la Villa Carlos Gardel de Morón la impulsó el municipio. Ambos cambiaron chapas y barro por ladrillos, asfalto y servicios.


Por Nahuel Lag.

Sociedad-Página/12, 1 de agosto de 2010.- “¿Por qué no podemos tener un barrio ordenado con calles, luz, gas y agua?” Entre los vecinos de Villa Palito, San Justo, partido de La Matanza, la inquietud se convirtió en acción y en símbolo de la organización barrial para exigir al Estado el derecho a la vivienda de diez mil habitantes: cooperativas integradas por los propios vecinos levantaron gran parte de las 800 casas de una o dos plantas, financiadas por el Estado, y van por más. A unos kilómetros de allí, en la Villa Carlos Gardel, detrás del Hospital Posadas, a media hora del centro porteño, la pregunta surgió durante cincuenta años entre promesas incumplidas y vecinos descreídos. La iniciativa del municipio de Morón de articular los programas de vivienda de Nación y provincia, con las 480 familias del lugar permitió levantar casas propias, con asfalto y servicios, y dejar atrás los días de barro y casillas de chapa.

De los vecinos al Estado o del Estado a los vecinos, Villa Palito y Carlos Gardel, según los especialistas, son la mejor muestra de la aplicación de los programas de urbanización de villas y asentamientos lanzados por el gobierno nacional en 2005. De acuerdo con el Ministerio de Desarrollo Social bonaerense, el programa abarca a unos cien barrios del conurbano y planea invertir 8218 millones de pesos en los próximos cinco años. Así se comienza a saldar una deuda pendiente desde mediados del siglo pasado para miles de personas que llegaron al conurbano en busca de trabajo y un lugar donde vivir y fueron expulsadas y movilizadas por capricho de las dictaduras de turno y abandonadas por los gobiernos democráticos en asentamientos precarios.

Cantarle a Gardel

Neuquén 1933. Un par de años atrás, nadie podría haber llegado a esa dirección. La calle existía en la localidad de El Palomar, partido de Morón, pero después del 1800 se cortaba en la Villa Carlos Gardel, que le debía su nombre a la única vía de acceso al asentamiento. Allí, 2500 personas vivían amontonadas en ocho cuadras de pasillos y casas sin numeración ni servicios básicos. “Antes no podía invitar a nadie a mi casa porque me decían ‘no, vos sos de la villa’. Entonces, mentía porque me daba vergüenza ser rechazado”, cuenta Luis Gómez, de 19 años, sentado en el comedor que estrenó hace meses con sus padres en Neuquén 1933.

Para llegar a la casa de Luis se puede bajar del Acceso Oeste. Atrás del hospital, el barrio comienza a crecer con casas en tonos crema, amarillo, verde y rosa. Dos pisos, parque al frente y un tanque de agua como corona. Los tractores, los camiones cementeros y las topadoras que derriban las últimas casillas trabajan para levantar las últimas 31 viviendas y pavimentar el único rincón que queda con barro. Los últimos esperan con ansiedad en sus casillas y otros pocos aguardan alojados en containers.

El proyecto comenzó en 2004, cuando la Municipalidad de Morón, durante la intendencia de Martín Sabbatella, consiguió la cesión de los terrenos del Posadas para avanzar en la primera etapa sobre terreno limpio. Pero las casas de la segunda etapa debían levantarse en el lugar que ocupan casillas, donde los vecinos formaron una “gran familia” a fuerza de falta de divisiones entre casa y casa y puertas hechas de retazos de tela.

Cuando el municipio comenzó a enviar a trabajadores sociales para censar a los vecinos comenzaron las preguntas: “¿Nos van a mudar? ¿Nos van a construir casas?”, cuenta Adelina López, Piruni, como todo el barrio conoce a la fundadora del comedor Los Gardelitos. En el barrio, la desconfianza tenía una historia justificada.

El primer camión que había llegado a la zona, cuando todo era campo, fue un vehículo militar del Plan Nacional de Erradicación de Villas de Emergencia, impulsado por el dictador Juan Carlos Onganía. A las familias arrastradas hasta allí se les otorgaron casas transitorias con la promesa de una vivienda definitiva en uno de los edificios del complejo de monoblocks Barrio Parque Sarmiento, que en la actualidad convive, descascarado, frente a la Carlos Gardel. La entrega de viviendas no cumplió el plan original y no alcanzó a alojar a todas las familias; las casas transitorias se transformaron en precarias viviendas permanentes.

Para hacer frente al déficit, la organización barrial tuvo poco espacio para pelear por una vivienda digna en un barrio golpeado por la dictadura y por la democracia. “Por ser de la villa te pateaban la puerta y te decían que te tenías que ir”, cuenta Carolina Gómez, que llegó al barrio en 1975. Las botas que pateaban puertas también intervinieron el Posadas y convirtieron la escuela de enfermería en El Chalet, un centro clandestino de detención donde estuvieron vecinos de la Carlos Gardel que hoy están desaparecidos. En democracia, el municipio cedió los terrenos a una mutual evangélica que estafó a los vecinos y después el menemista Juan Carlos Rousselot propuso levantar un paredón para encerrar al barrio.

“El Carlos Gardel y el Sarmiento se transformaron en una isla separada del tejido urbano”, resume Ernesto Gorbacz, director de Producción Social de Hábitat de Morón. La estrategia planteada desde el municipio –con trabajadores sociales, psicólogos y tutores de mudanza– estuvo en instalar una Mesa de Trabajo para coordinar la urbanización con los vecinos.

“Hubo muchas promesas de cambiar el barrio, construir viviendas y darnos los servicios básicos, pero nunca un gobierno tuvo la voluntad política de cambiar la villa”, asegura Piruni. Entre las calles Perdriel y Marconi, que contenían el ancho del barrio, se abrieron ocho nuevas calles, con arbolado y alumbrado: tres respetaron la continuación de los barrios lindantes y otras cinco fueron nominadas por los vecinos. “Padre José María”, fue una de las que eligió Carolina en honor al recordado cura de la parroquia.

Mientras revolea los ojos intentando repasar su nueva casa, Carolina explica que para la segunda etapa de construcción fueron los vecinos los que decidieron los cambios en el diseño: “Hay más intimidad. Aprendimos a darles privacidad a las familias. Antes entrábamos directamente a la casa de un vecino, ahora le toco la puerta”, dice mientras deja asomar la nostalgia por la comunión de los mates en el pasillo. Pero no reniega: “En la villa éramos una gran familia, no teníamos obligaciones de pagar impuestos luz, gas; pero tampoco teníamos beneficios ni derechos. Ahora, tenés formas de hacer respetarlos legalmente”, explica, mientras afuera se escuchaba la cortadora de pasto de un vecino.

Hacer el propio barrio

“El monstruo del conurbano”, así le dicen los vecinos al barrio en el que nacieron y al que en cinco años transformaron casi por completo. Un monstruo perfumado, entre las pocas cloacas aún abiertas que traen el agua sucia de entre los pasillos y la lindante fábrica de la ex Jabón Federal. La bestia muestra en su fachada de 400 metros sobre la Ruta 4, a pocas cuadras de la Rotonda de San Justo, cómo está cambiando de piel: el tendido eléctrico improvisado se sigue cruzando entre las casas que combinan paredes y techos de cartón, chapa y ladrillo, pero entre esas construcciones precarias aparecen casas nuevas, bien paradas sobre sus cimientos, con colores vivos y servicios de luz, gas y agua.

A Villa Palito puede ingresarse por la calle Derqui, un antiguo aglomerado de cien casillas que cruza el barrio y une el “casco viejo” –20 hectáreas en las que hasta 2008 vivieron hacinadas diez mil personas– y el “casco nuevo”, donde nació la nueva historia del barrio, la de la urbanización.

Según los vecinos, ese proceso comenzó el 2 de octubre de 1999 cuando unos 200 integrantes de familias jóvenes de la villa se instalaron sobre 20 hectáreas de tierra libre que se extendían detrás del “casco viejo”. Con el Plan Arraigo, en los primeros años del menemismo, se había creado la Cooperativa del Barrio Almafuerte-Villa Palito Limitada para escriturar esos terrenos a nombre de los vecinos, pero no hubo un plan de vivienda.

“Trazamos calles y manzanas con palos e hilo (haciendo honor al nombre del barrio). Soñábamos con un barrio en el que la calle llegue a la puerta de casa”, resume Julián Ruiz junto a Juan Enríquez, Gabriel Díaz y Gladys Enríquez. Desde entonces, ellos y otros 70 delegados no se detuvieron. Caminaron el barrio, golpearon puertas en despachos oficiales y generaron emprendimientos productivos. “Si no hubiésemos creído en la organización, la villa sólo se hubiera agrandado”, asegura Juan, mientras por detrás pasa un camión que reparte soda y, más lejos, un joven arregla el parque de su casa.

Tras las elecciones de 1999, el entonces intendente Alberto Balestrini entregó los materiales para las primeras doce casas. En 2002, el Programa de Mejoramiento de Barrios con aportes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) llegó al barrio, los vecinos ya habían elaborado los planos.

Con las obras de servicios aprobadas, el trabajo fue convencer a los vecinos para que desalojaran las tierras ocupadas para comenzar la obra. “Mientras íbamos con las mujeres a comprar al Mercado Central, las convencía para que se afilien a la cooperativa, que el barrio se podía construir”, explica Gladys, que hoy se desempeña en el Centro Integrador Comunitario.

En 2004, el descampado fue el helipuerto del helicóptero presidencial. Néstor Kirchner aprobó subsidios para 420 viviendas y en 2005 se lanzó el plan de urbanización de villas. Gabriel camina con Página/12 por esas hectáreas donde hoy se levantan casi 800 casas, una escuela, dos jardines, un polideportivo, un salón de usos múltiples y el club de fútbol Almafuerte.

El sabe cómo se levantaron esas casas, lo hizo con sus propias manos. Fueron siete cooperativas de trabajo (hoy llegan a 15) formadas por los vecinos que tenían un Plan Trabajar. Julián también fue parte de esas cooperativas: “Nos dimos cuenta de que eran una oportunidad de trabajo. Al principio, era un esfuerzo convencer a los vecinos porque el país se había reactivado y afuera se encontraba trabajo por más plata, pero... ¡Estábamos levantando nuestras casas!”.

“Hola, Nacho”, saluda Gabriel. Nacho está arriba de una de las nuevas casas que se construyen dentro del “casco viejo”. Gabriel, que empezó como peón, hoy es presidente de la cooperativa El Gauchito y recorre el barrio consultando a los albañiles-vecinos cómo va la construcción y señalando los espacios donde antes vivía toda una familia y por estos días se levantan casas de un piso o dos, con habitaciones acordes con el censo de familias. “Es como un ajedrez. Hay que consensuar manzana por manzana con los vecinos para acordar qué grupo de familia puede, por tres o cuatro meses, mudarse a lo de un familiar, alquilar o vivir en una casilla deshabitada.”

“Hola, Eduardo ¿así que te fuiste con el Polaco?”, bromea Julián con un joven que se cambió de cooperativa porque por falta de documentos él no lo pudo llevar a trabajar en obras en la ciudad de Buenos Aires y San Isidro. “Nosotros no teníamos oficio y ahora podemos construir fuera del barrio. Los jóvenes también adquieren su oficio y comienzan a recuperar sus derechos y a salir de la calle”, explica Julián.

Juan, Gabriel, Julián o Gladys caminan el barrio y no paran de saludar a sus vecinos. Se mueven del club a la escuela, de casa en casa. El barrio que levantaron es su trabajo y su vida. “El barrio que se transforma desde sus vecinos busca sus propias estrategias, a partir de sus necesidades y de sus capacidades”, concluye Juan.


http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-150490-2010-08-01.html

27.7.10

Los primeros dentro de la ley

Viven en Mendoza desde hace catorce años y, hasta ahora, son los primeros en el país en obtener turno para casarse, tras la promulgación de la ley. Están juntos desde hace veintidós años. Dicen que muchos gays chilenos cruzarán la Cordillera para casarse.


Sociedad-Página/12, 27 de julio de 2010.- Se enamoraron en el Chile de la dictadura de Augusto Pinochet. Se reconocen católicos y le agradecen a Dios haberse encontrado. Hace 14 años viven en Mendoza, única provincia del país en la que un gobernador habilitó la “objeción de conciencia” (una trampa ilegal) para evitar el casamiento entre personas del mismo sexo. Jaime Zapata (52) y Giorgio Nocentino (44), ambos chilenos, son la pareja que podría transformarse en la primera de la Argentina en hacer realidad el casamiento entre personas del mismo sexo después de la sanción de la ley de matrimonio igualitario. Ellos no buscaron pasar a la historia por ser los primeros en disfrutar la igualación de derechos, sino que el azar burocrático así lo quiso, pero entienden que la celebración del próximo sábado será una “gran responsabilidad” porque estarán representando a “las personas que batallaron y se pusieron en campaña para lograr la igualdad”. Además de agradecer la lucha de las organizaciones de la diversidad sexual, Zapata reconoció que desearía agradecerle a la presidenta Cristina Fernández la posibilidad de casarse y vaticinó que muchos chilenos “cruzarán la Cordillera” para unirse en matrimonio, a pesar de que en su país, al igual que en toda América latina, esa unión no se les reconozca. La semana pasada, Amnistía Internacional llamó a los países latinoamericanos a “seguir el ejemplo” argentino.

El flechazo fue en el boliche Fausto, de Santiago, hace 22 años (“y siete meses”, precisó Nocentino) cuando la dictadura de Augusto Pinochet todavía se mantenía en el poder. Zapata contó que dos días después de aquella noche volvieron a encontrarse y desde entonces no se separaron. Por aquellos días, él trabajaba en Casa Cohen, una reconocida tienda de ropa masculina, donde atendió a diplomáticos y artistas como Cristian Castro, mientras Nocentino cursaba su segundo año de la carrera de Contabilidad en la Universidad Gabriela Mistral. Ambos viven aquel primer encuentro como una bendición. Nocentino resaltó: “Siempre le pedí a Dios que me dejara conocer a la persona que realmente me correspondía”; su compañero agregó que, aún hoy, cada día agradece “a Dios por permitirnos estar juntos”.

–Durante el debate por la ley de matrimonio igualitario, la Iglesia aseguró que Dios sólo bendice las parejas entre hombre y mujer –observó este diario.

–Hijos de Dios somos todos y no me lo va a negar ninguna autoridad de la Iglesia. Dios nunca va a dejar de ver con buenos ojos un acto de amor como el nuestro. Por eso, mi comunión con Dios es personal y nadie me la puede quitar. La cúpula eclesial no me representa –respondió Nocentino.

–Se han escuchado barbaridades eclesiásticas, intentando señalar la unión entre personas del mismo sexo como producto del diablo. Pero nuestra relación está creada por el amor, y el amor es obra de Dios –agregó Zapata.

Hace 14 años que Giorgio y Jaime le hacen sus promesas a la Virgen de Lourdes, que tiene su santuario en la precordillera mendocina. Primero, tuvieron que cruzar la Cordillera desde su Santiago natal. Fue en septiembre de 1988, el primer año en que vivieron juntos, cuando conocieron Mendoza. Pero en las vacaciones de verano de 1996 fue cuando se enamoraron “de la calidad de su gente, de su amabilidad”, confesó Zapata. Aquel verano cruzaron los Andes con un Mini Cooper modelo 1973 que no aguantó el esfuerzo y se quedó en el camino. “Nos encontramos con gente que nos dio una mano, nos brindó ayuda sincera y nos cautivó”, explicó Zapata. Además, los dos quedaron impactados con la Fiesta de la Vendimia. “Catorce días después, estábamos pidiendo la radicación en Mendoza”, relató Nocentino.

Después de 14 años en los que “no paramos de trabajar”, aseguró Jaime, y en los que reconoció que fue “cómodo” respecto de la militancia por la diversidad, llegó el día de pedir el turno en el Registro Civil. Fue el día posterior a la votación en el Senado y la respuesta fue que había que esperar a la promulgación. Después del discurso de la Presidenta el miércoles pasado, Giorgio fue otra vez el Registro y obtuvo un turno para el sábado 31. La intención no era ser la primera pareja en casarse, pero el Registro Civil mendocino toma el sábado como un día hábil y el plazo de la promulgación presidencial se habrá concretado el viernes.

–¿Qué creen que puede cambiar con el casamiento, después de tanto tiempo de convivencia?

–En nuestra vida cotidiana nada, seguimos siendo los mismos. A mi forma de ver, estoy casado hace 22 años. Sin embargo, la unión en matrimonio legaliza nuestra pareja ante el mundo. Hasta ahora, sentía frustración cuando pensaba en un futuro en el que yo o él faltáramos. Me quitaba el sueño que no pudiéramos tener decisión sobre el patrimonio que construimos juntos ni ser quienes tomemos las decisiones si el otro se enfermaba. Ahora, me puedo morir tranquilo –afirmó Nocentino.

–¿Qué significa para ustedes ser la primera pareja homosexual en casarse con la nueva ley?

–Muchas personas homosexuales y heterosexuales batallaron y se pusieron frente a una campaña por lo que somos y por conseguir nuestra igualdad ante la ley. No pude participar a la par de ellos, anhelaba disfrutar este derecho aunque no creía que fuera posible. Por eso, ser los primeros en casarnos es una gran responsabilidad para demostrar que amamos y merecemos ser amados.

Informe: Nahuel Lag.


http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-150201-2010-07-27.html