26.5.10

Los vendedores también tuvieron su día de festejo

El País-Página/12, 26 de mayo de 2010.- Jorge, su cámara y su poni Milagros recorren el país juntos hace tres años. El cuenta que no es su primer fiel compañero de ruta, tuvo una llama que se le murió de vieja y otro caballo petiso, que cansado de tantos niños encima y flashes, regaló a una granja. “Viajamos buscando el turismo y hoy (por ayer) el turismo está acá”, afirmó Jorge mirando a su corcel, que esperaba paciente sobre la 9 de Julio a miles y miles de niños que llegaron ayer al Paseo del Bicentenario para festejar los 200 años de la Revolución de Mayo. Amuchadas en los colectivos, trenes y subtes con boleto gratis, las familias no detuvieron su paso con destino a los festejos y allí estuvieron atentos vendedores ambulantes, artistas callejeros y los afortunados dueños de kioscos y bares.


“Desde las once de la mañana que no para de llegar gente. Tanta gente no vi nunca”, aseguró el Piñón Fijo de González Catán, que llegó con toda su familia a vender globos por un peso. Las columnas de consumidores llegaban desde Constitución, desde la última calle adonde se aproximaba un colectivo o brotaban de la estación Independecia de la línea E. “Los días de trabajo durante el feriado son aburridos, falta el cric cric de los grillos, pero hoy (por ayer) parece que toda la gente se decidió a salir. Está peor que un día laboral en hora pico”, graficó una empleada de Metrovías, vencida de dar indicaciones. Por el pasillo pasaba una madre que no sabía cómo consolar el llanto de su niña tras el miedo de la asfixia.


“Ma, mami, mamá, ¿me comprás?”, en cincuenta metros de caminata sobre la 9 de Julio y aun sin llegar a la puerta del Trabajo y la Cultura, donde se incia el Paseo, la frase era recurrente y los vendedores una constante que continuaba cuadras adentro. Cestas de mimbre, banderas de Evita, garrapiñadas y cucuruchos con dulce de leche más adelante en Alsina e Irigoyen, Alberto tenía un chango de supermercado repleto de cáscaras de naranja. El cuchillo no paraba de cortar ni la exprimidora de llenar vasos y vasos de jugo.


Varios se habrían tomado Elsa y Laura, que venían de apuro a los baños químicos, con una fila que no ayudaba. “Vos en ésa y yo en ésta, a ver cuál llega primero”, lanzó su estrategia Elsa. “Me vengo caminando desde Corrientes para conseguir una fila más corta”, confesó la madre. “Vení, vení”, dijo y agarró a la nena del brazo, antes de cerrar la puerta.


“Sí, es el mismo sable. El de San Martín no tenía luces y sonido para espantar a los españolas, pero ahora hay cosas más modernas”, explicó Mirta, que se vino desde San Miguel a vender las luminosas espadas de colores. Ella cuenta que la venta ambulante le permitió terminar los estudios en Psicología Social en la Universidad de Las Madres y como académica asegura que “la razón de tanta convocatoria es el sentir común de los festejos. Estos días quedarán en la memoria colectiva”, aseguró. Será esa memoria la que ayudará a Santino, de apenas dos meses, a recuperar su paso por la celebración que su tío Adrián resaltó orgulloso: “Santino vino a festejar el Bicentenario”.


Si de Mayo se habló todo el fin de semana, la avenida homónima se sumó ayer. La calle unía los festejos de la 9 de Julio con los que se realizaban en el Cabildo y los comerciantes, felices. “Tuvimos que cerrar dos veces el local porque no teníamos más lugar”, explicó Sol, que llegó como refuerzo desde otro local del bar Argentino. En el Café Tortoni la sobredemanda estaba organizada con puertas cerradas, fila afuera y personal de control con handy. Organización necesitaba Ester, abuela de una familia perdida entre tanta calle abarrotada de gente. “¿Dónde tomamos el colectivo a Retiro?”, le preguntaron a este cronista en un gesto desesperado.


A medida que se acercaba la hora del desfile, el descontrol aumentaba: corridas de una calle a la otra, empujones y gente rendida viendo todo por televisión a cincuenta metros del palco oficial. Carlos era el único calmado: “Se terminó todo. Me voy”, dijo. Hablaba de toda la gaseosa que llevó para vender.


Informe: Nahuel Lag.


http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/146367-47000-2010-05-26.html

24.5.10

Todas las banderas todas en el Bicentenario

La lluvia no empañó el despliegue de las delegaciones. Las más numerosas y coloridas fueron las de Bolivia y China. Desfilaron desde los descendientes de aquellos que llegaron hace un siglo hasta los que vienen de los países limítrofes.


Por Nahuel Lag.

El País-Página/12, 24 de mayo de 2010.-
Con caporales, con kimonos, con tiroleses, con túnicas blancas, con armaduras, con tambores, cada una de las 80 colectividades que volcaron sobre la 9 de Julio a unos 4 mil representantes de las naciones que conviven en la Argentina, enfrentaron a la lluvia y les dieron un día más de color a los festejos de los 200 años de la Revolución de Mayo. A pesar del mal tiempo, las personas que cantaron, bailaron, aplaudieron y se emocionaron en el Paseo del Bicentenario transformaron a la celebración en la más popular desde los actos por el retorno de la democracia. Los que tienen la sangre originaria, los que llegaron como esclavos, los que bajaron de los barcos, los que vinieron en avión, el crisol de razas que forma la gran colectividad argentina, estuvieron presentes ayer en el “Desfile de la Integración”, y la tonada latinoamericana fue la que fusionó a los espectadores.

La colectividad de los países árabes es la tercera en cantidad en la Argentina, pero de la A a la Z es la primera en aportar su cultura y costumbres al suelo del Bicentenario. Por eso, escoltando a la marplatense Guardia Nacional del Mar, la delegación de la danza del vientre abrió el “Desfile de la Integración” dispuesta a recorrer las seis cuadras del Paseo del Bicentenario para terminar abrazados al Obelisco. Con el cielo gris amenazador. Los alemanes y los armenios siguieron el orden del desfile sin mojarse sus trajes típicos.


La Pachamama fue la que abrió el cielo y trajo el agua sobre el asfalto. Para los más bajitos, que no alcanzaban a pasar la mirada entre la gente agolpada contra las vallas, la Pachamama volaba por el Paseo del Bicentenario. Para los más altos llegaba el desencanto al ver las cuatro ruedas que la hacían levitar. Sin embargo, Leonor y Juan, que hace diez años llegaron al país, desde su Cochabamba natal seguían “como en casa” la celebración de los caporales –hombreras y cascabeles para los hombres, vestidos de campana y gorras para las mujeres; explosión de colores para todos lados– que parecían agradecer a la lluvia por el carnaval. “Jallalla Argentina”, el saludo aymara, se escuchaba por segunda vez en la semana, la Whipala volvía a flamear sobre la 9 de Julio, después de la movilización de los pueblos originarios del jueves.


“De esto no me olvido más”, aseguró Silvia Pozzani, debajo de su paraguas y sosteniendo la bandera argentina, pero no se refería a la delegación italiana retrasada en el abecedario del desfile sino a la “felicidad por participar de una celebración de encuentro, debate y respeto”. Sobre Avenida de Mayo la descendencia quedaba de lado, todos pasaban por el puesto del Paseo donde se entregaban escarapelas gratis. Mónica no paraba de repartir la insignia patria, en forma de sticker, y volteaba los ojos y suspiraba cuando pensaba en las miles que ya había despachado. “¿Me das cinco?”, la apuró una chica.


De vuelta al desfile, una réplica inflable del Cristo Redentor de Río de Janeiro avanzaba junto a las bahianas de túnicas blancas o “mamá vieja” y el axé (fuerza vital) cortaba la lluvia, marcando la raíz de la religión colonizadora y su fusión con las raíces afroamericanas, presente en el país por los 34 mil brasileños que eligieron la alegría argentina y por los cerca de 2 millones de afrodescendientes argentinos. “Tudo bem. Termina o desfile e te ligo”, dijo, breve, un turista brasileño mientras seguía, entre charcos, al Cristo.


Mientras el monumento del cerro Corcovado avanzaba para ubicarse detrás del Obelisco, los búlgaros –son unos 40 mil descendientes en el país– también lucían su cultura y detrás de ellos, los coreanos. Desde el palco oficial, el canciller Jorge Taiana aplaudía junto a otros embajadores con las palmas rojas, por tanto despliegue, y frías gracias a una llovizna que no se detuvo.


Entonces, los colombianos llegaron para ponerle calor con cumbia y un poquito de café. “100 por ciento colombiano”, decía el poncho amarillo, azul y rojo de Willian, que seguía el desfile junto a su familia, radicada hace cinco años en el país. “Ya extraño poco, uno va echando raíces y se acostumbra al vivir de aquí, que es muy bonito”, aseguró el “pelado”, como le diría un amigo en su país.


Antes los chinos habían arremetido con sus dragones, en la delegación más nutrida, que provocó un comentario clásico desde el público: “Son muchos los chinos”. La llovizna empezaba a molestar, los paraguas de Mayo eran una tapa de Billiken y los Bomberos Voluntarios de La Boca montados en antiguas autobombas eran un mal presagio para el chaparrón que se venía. Después del desfile bombero, algunos friolentos conformes con la batalla de hachas y espadas recreados por los guerreros dinamarqueses, las castañuelas de los niños y niñas españoles y las polleras y gaitas escocesas empezaron a volver a casa.


Pero el desfile no había terminado: llegarían los kimonos japoneses, los exóticos atuendos nigerianos y los mariachis mexicanos. “Hay que aprovechar, ahorita, a festejar aquí. Pronto llega nuestro bicentenario”, adelantó Luis, un mexicano residente en la Argentina desde hace dos años, que no podrá estar en septiembre en tierra azteca. “¡Renato! Ahí va un equipo de nuestro álbum”, señaló un pequeño desde los hombros de su papá a su hermano, recordando su colección de figuritas con banderas: el desfile ya tenía el título de Mundial. Pero por si faltaba integración, la delegación de Uruguay salía, a pura murga, a demostrar cuánto se pueden parecer dos naciones más allá de las banderas.


http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-146261-2010-05-24.html

22.5.10

“La historia de todos los argentinos”

Con el escenario repleto de los trabajadores que montaron las estructuras y junto al gabinete nacional, Cristina Fernández inauguró con emoción visible los festejos por los 200 años del país. Cómo es el Paseo: una visita en el primer día.


El País-Página/12, 22 de mayo de 2010.- Viajar por todo el país, el cono sur y el extranjero en sólo seis cuadras, degustar los “sabores de nuestra gente” en 72 puestos de comidas típicas, escuchar una banda tras otra en seis escenarios simultáneos, revisar la historia de la mano de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo son algunas de las opciones que ofrece el Paseo del Bicentenario y deja al visitante con la sensación de que ni doscientas horas bastan para agotar el recorrido que ayer quedó inaugurado. Los primeros pasos los dieron miles de ansiosos que se acercaron desde las 18 y, una hora después, la presidenta Cristina Fernández oficializó la apertura acompañada por varios ministros y los trabajadores que levantaron las estructuras de los espacios que albergarán los festejos hasta el martes. La Presidenta invitó “a recorrer el paseo que contiene la historia de todos los argentinos” y agradeció a todos los países participantes por “poder tener un Bicentenario marcado por nuestra identidad, del sur de nuestra América”.

En busca de una mirada revisionista, Página/12 recorrió el Paseo del Bicentenario de manera inversa a la propuesta por los organizadores, o sea, entrando por la Puerta del Trabajo y la Cultura, entre Venezuela y Belgrano, hasta el escenario principal, de espaldas al Obelisco. Empezar desde el final implicó encontrarse con los que regresan, por unos días o definitivamente, de la Provincia 25. La peculiar provincia lleva el nombre de la organización respaldada por el Ministerio del Interior que reúne a argentinos en el extranjero para dar a conocer su trabajo.


Anahí Rubín, una psicóloga radicada en Nueva York desde 1996, de visita en Buenos Aires, aprovechó para sacarse una foto a su lado, es decir, al lado de una foto suya, que –acompañada por una reseña biográfica– se ve en la pantalla que pasa revista de los talentos argentinos en el exterior. En el stand no sólo están los que se van y vuelven sino también los que llegaron para quedarse y el robot “Presente”, la versión argentina del R2D2 de la Guerra de las Galaxias: el robot interactúa con los incrédulos visitantes que le deletrean sus apellidos para que la máquina revise sus archivos de ingresos al puerto de Buenos Aires desde 1882 y encuentre a los antepasados.


De gorra de ala ancha y pollera roja, las chicas de Tucumán ponían su mejor sonrisa para explicar a los entusiastas visitantes que el stand no se abriría hasta las 19. Desde Tucumán, el faro de Tierra del Fuego atraía a los transeúntes bicentenarios como los tres hijos de Héctor que corrían al encuentro. El ya estaba agotado y recién empezaba; es que con las muletas el andar se hacía más lento mientras que “los chicos no paran. Entran y salen de cada provincia y preguntan todo”, explicó.


Kevin era otro niño entusiasta de siete años y bandera argentina pintada sobre uno de sus cachetes. “Está muy emocionado, la madre le pintó la banderita para calmarlo”, indicó la abuela, que cargaba una bandera de tela que completaba el equipo de paseo del niño con los binoculares “para ver a la Presidenta”. “Argentina, Argentina”, apuró Kevin a las mujeres de un stand al otro.


Las puertas de Santiago del Estero estaban protegidas por sus granaderos que no aflojaban ante ningún “whisky” solicitado por tanto fotógrafo aficionado. Tampoco se les movió una bota cuando la fanfarria de la provincia comenzó a interpretar una versión adaptada del “A Don Ata” de Soledad Pastorutti. Mientras la “Sole de Arequito” sonaba en Santiago, en su Santa Fe natal el anfitrión era Mendieta. El personaje de Roberto Fontanarrosa anda suelto por todo el stand disfrazado del Che o cubierto del “Que lo parió” que lo hizo célebre y sin ladrarle a ningún flash.


En la otra orilla de la 9 de Julio están los “Sabores de nuestro gente” representados en los emprendimientos de producción culinaria impulsados por el Ministerio de Desarrollo Social en todo el país. Apoyado sobre el mostrador y de saco gastado como la voz que lo acreditaba como catador, Armando apuntalaba a un joven amante del etílico que llevaba para su vinoteca uno de la Asociación de Elaboradores de Vino Casero del Valle. El paseo de paladar seguía por mermeladas, verduras, embutidos, licores, chocolates.


Sobre Avenida de Mayo no había más tiempo para bocadillos, la presidenta Cristina Fernández, acompañada por un grupo de ministros y los trabajadores que levantaron las estructuras del Paseo del Bicentenario, inauguró el espacio en el que se verán la mayoría de los festejos hasta el martes. “Dios quiso que yo fuera la Presidenta del Bicentenario”, agradeció la mandataria en un tono pausado por las lágrimas. “Argentina, Argentina”, explotó el grito entre la gente como había adelantado Kevin. Y para invitar a “todos los argentinos” a pasear, la Presidenta recordó su breve paso por los stands de Ecuador, de Bolivia, de Paraguay y Brasil, donde aseguró que participó de un juego en el que convirtió dos goles en sólo tres intentos. “Declaro inaugurado el Paseo del Bicentenario, fuerza Argentina, fuerza América del Sur, fuerza Latinoamérica”, enfatizó la mandataria.


A los costados del escenario de Avenida de Mayo están los espacios de las Abuelas de Plaza de Mayo, paradójicamente delante del monumento al Quijote de la Mancha, y el de las Madres, coronado por un enorme pañuelo blanco y por una representación de la eterna ronda alrededor de la Pirámide de Mayo. “What is this?”, le consultó el británico Nick a su amiga Cecilia frente al gran pañuelo y ella mezclaba un perfecto inglés con palabras como “madres”, “desaparecidos” y “Plaza de Mayo”.


Frente a las Madres y Abuelas está la Secretaría de Cultura, el único de los espacios ministeriales visitado ayer por la Presidenta. Una pantalla que bombardea imágenes de ídolos culturales, el Preámbulo de la Constitución y un espejo en el que reflejarse es todo el espacio: “Intentamos lograr una analogía de El Aleph, de Borges, y en este caos representar a la cultura a lo largo de nuestra historia como una construcción colectiva en la que cada uno está inserto”, explicó el secretario Jorge Coscia en diálogo con Página/12.


“El miedo sólo sirve para perderlo todo”, la frase de Manuel Belgrano impresa en una gigantografía es una necesaria cuota de aliento para continuar el nutrido paseo. Para los miedosos, las réplicas del velociraptor y del amargasaurio que caminan por el espacio de Neuquén los harán claudicar de un susto. Pero los valientes podrán llegar a encontrar reparo en Corrientes, donde se exhibe una muestra plástica que recorre la vida del santo pagano Antonio “Gauchito” Gil. “Era como un Robin Hood argentino, odiaba las injusticias”, resaltó Mónica, una de las pocas correntinas entre tanta promotora.


Después se llega a Córdoba, Chubut, Chaco, Catamarca y Buenos Aires, que por orden alfabético o por paradoja histórica quedó a la cabecera del Bicentenario. Para empezar o finalizar el recorrido, la parada está en el Tricentenario. “Niños del Futuro” es el espacio donde los chicos y chicas se entretienen pintando el pasado para darle color al futuro. De allí se iban Mabel con su hija, que lucía estampado en una remera: “A doscientos años de la Revolución de Mayo. Yo estuve”


Informe: Nahuel Lag.


http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-146143-2010-05-22.html

21.5.10

Historias desde los orígenes

LORENZO PINCEN

El bisnieto

De poncho y vincha negra, con guardas originarias, el lonco Lorenzo Pincén llegó a la Plaza de Mayo desde la comunidad Pampa de Trenque Lauquen. Lorenzo, con sus 80 años, es el bisnieto del cacique Pincén, capturado en 1878 por el coronel Conrado Villegas, quien dio aviso al ministro Julio Roca de la detención que finalizaba con la resistencia indígena en Buenos Aires. Según el lonco el “bisabuelo fue el primer de-saparecido. Fue detenido en la isla Martín García y nunca más nos devolvieron su cuerpo”. Pincén, parado en la Plaza de Mayo, espera que la marcha de los pueblos originarios sirva para que “nos reconozcan como pueblos con su propia cultura”. El lonco no olvida su niñez, cuando “mi madre nos intentaba transmitir nuestra cultura contándonos historias en la época de lluvias y a través de dibujos”. Pero Pincén recuerda cómo “en la escuela nos obligaron a convertirnos al catolicismo. Llegamos a reconocernos en esa religión europea y mi padre tenía miedo de que aprendiéramos nuestra lengua originaria”.


DIEGO VILCA

“Mensaje cultural”

Hace siete días, Diego Vilca salió de su Tumbaya natal para llegar a Plaza de Mayo. Desde la Puna jujeña recorrió más de mil kilómetros como parte de una tropa de sikuris que no dejó de tocar sus zamponias y sikus. Para él, estar en la Plaza de Mayo significa “llegar a dar el mensaje de reclamo de sus padres y abuelos” y “de una cultura que se está recuperando”.

No es la primera vez que Diego dejó atrás las tierras donde su padre continúa criando ganado y cultivando la tierra para subsistir en las hectáreas que la comunidad recuperó hace 15 años, pero que aún no fueron tituladas. La primera vez fue después del secundario. Diego decidió ir a Córdoba capital para continuar sus estudios en un profesorado de educación física. La discriminación fue una traba para encontrar los trabajos de mozo o de encargado de limpieza que realizaba por la noche para estudiar durante el día. Por eso, con título en mano decidió regresar a Tumbaya. “Cuando vivís en la ciudad revalorizás la cultura de tu tierra, pero también al regresar ves a tu pueblo estancado y te lleva a movilizarte.”


RAMON NAHUEL

Resistir a las empresas

”Jallalla”, “Jallalla”, el saludo aymara resuena desde el escenario de espaldas a la Casa Rosada, desde donde se reclamaba el reconocimiento de un Estado pluricultural. Haciendo el pedido de la palabra, el lonco Ramón Nahuel presentó a su comunidad en el idioma del pueblo mapuche: Wiui Ño Folil (vuelven las raíces). Ramón agradece aún poder alimentar a su familia con la cría de ganado en la comunidad de 24 familias con las que resisten en Neuquén “a las empresas transnacionales, mineras, petroleras y forestales”. Cuando mantener las formas de producción milenaria de una comunidad se hace difícil, la consecuencia es la que vive Ramón en carne propia: “Nuestros hijos emigran a las ciudades y por su formación no están preparados para vivir en ese entorno. Entonces, sólo van para ser un marginado más del sistema. Y si un joven mapuche que salió a la ciudad desea volver, se encuentra con nada”, lamentó el lonco. Según el lonco, la movilidad para su comunidad también es un problema y lo es para los niños que desean llegar a la escuela rural donde “el reconocimiento de la pluriculturalidad es esencial porque aún no se enseña de forma bilingüe”.


PATRICIA CRUZ

Volver a labrar

La gorra repleta de coloridas bolas de lana, la pollera, el poncho verde que la cubre, Patricia Cruz lleva su cultura puesta como cada chola que ayer pintó de pluriculturalidad el centro porteño. Los legados de su cultura colla los mantiene gracias a los 93 años de su abuela, última colla en su árbol genealógico, que supo resistir los intentos de desalojo de su pequeña parcela en Maymara, Jujuy, frente al cerro Pucará. En la historia de su antecesora comienza a contar la propia: “Mi abuela tuvo que enterrar a todos sus hijos. Su hija mujer tuvo que irse a la ciudad a trabajar como mucama y sus hijos varones murieron porque sin poder trabajar sus tierras se dedicaron al alcohol”, relató Patricia.

Sin tierras tampoco para sus padres, ella se quedaba en su casa cuidando de sus hermanos, mientras su madre salía a trabajar para otras familias. Cuando le tocaba salir era para ir a la escuela y allí no era bien recibida. Poder volver a labrar la tierra parece ser una posibilidad de la que Patricia se aferra para vivir con su esposo y sus dos hijos. El sueño es una parcela que reclama junto con las tierras de otras 150 familias de la comunidad de Maymara. “Si la presidenta nos da nuestras tierras, podríamos ser libres y llevar una vida digna”, resumió la chola.


Producción: Nahuel Lag.


http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-146103-2010-05-21.html

19.5.10

Para no bajar la edad de imputabilidad

Referentes de organizaciones sociales y de derechos humanos, especialistas en infancia y diputados criticaron la ley de régimen penal juvenil, que tiene media sanción en el Senado. Reclamaron que no se baje la edad de imputabilidad.


Sociedad-Página/12, 19 de mayo de 2010.- “No a la baja de la edad de imputabilidad” fue la consigna unánime entre referentes de organizaciones sociales y de derechos humanos, especialistas en infancia y diputados que expusieron sus reparos a la ley de régimen penal juvenil aprobada en noviembre en el Senado. “¿Cuándo van a preguntarles a los chicos cuál es su seguridad?”, reclamó el Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel, durante la audiencia. Los expositores solicitaron que la baja de edad “no se esconda detrás de los derechos”, en referencia a los avances que contiene la norma, como las garantías procesales a los menores de edad, reconocidas por la legislación nacional e internacional en infancia. “Hay que adecuar la ley a las normativas de la protección integral (ley 26.061) para salir del paradigma tutelar, pero no tiene que ser por el camino de los institutos de menores. Estamos atrasados en todos los derechos de los niños y no podemos exigir que sólo se cumpla el derecho penal”, resumió la diputada Liliana Parada, vicepresidenta de la Comisión de Legislación Penal, donde el proyecto sería tratado a mediados de junio.

“El hambre es un crimen” y “Ningún pibe nace chorro” eran las frases inscriptas en las pecheras que llevaban puestas los niños, niñas y adolescentes que circulaban por la sala 1 del anexo de Diputados, minutos antes de que las cien personas atendieran a los oradores. Se encendieron los micrófonos y la palabra la tuvieron ellos: Yésica, Joaquín, Caty, Gabriela y Axel se turnaron para leer su “Carta abierta a los legisladores argentinos”.


“Nos resulta extraño y preocupante que nuestros legisladores se predispongan a discutir que es necesario meter presos a niños cada vez más chiquitos en vez de dar una respuesta amplia y definitiva para que todos los pibes de nuestro país tengan sus derechos garantizados”, leyó su párrafo Yésica.


Tras la palabra de apertura de los niños, el titular del Servicio de Paz y Justicia (Serpaj), Pérez Esquivel, señaló que “no puede penalizarse a los chicos cuando son víctimas de una sociedad injusta. Bajar la edad de imputabilidad significaría condenar la pobreza”. Además, el Premio Nobel se adelantó al tratamiento en comisión y solicitó una reunión con los diputados para que “escuchen la voz de los chicos”.


Ayer, en la sala de audiencias, los chicos presentes eran parte de decenas de organizaciones sociales con el respaldo de las Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Madres de Plaza de Mayo, el Foro por los Derechos de la Niñez de Buenos Aires, Casacidn, la CTA y la presencia de las legisladoras Margarita Stolbizer (Gen) y Graciela Iturraspe (Unidad Popular).


Vanesa Orieta, hermana de Luciano Arruga (desaparecido el 31 de enero de 2009), puso como paradigma de la situación de los adolescentes con la ley penal a su hermano y recordó que “mucha gente justificó la desaparición de Luciano (la hipótesis de la responsabilidad policial es la más firme en la causa) porque tenía causas, pero nunca preguntó en qué condiciones vivía”.


Para entonces, los chicos ya se habían hecho cargo de la audiencia y eran ellos los que marcaban los tiempos de las intervenciones y pasaban el micrófono. El “no a la baja de la edad de imputabilidad” resonaba en cada intervención, por lo que el secretario de Derechos Humanos de la CTA, Ricardo Peidro, llamó a los diputados a “tomar conciencia” para “no hacerle el juego al altar de la derecha, que es la ‘mano dura’. Los chicos no están detrás de ningún de-sarmadero ni de ninguna red de narcotráfico”, ironizó Peidro.


El proyecto girado desde Senadores contempla como penalmente responsables a las personas de 14 o 15 años de edad que cometan un delito doloso con pena mínima de tres años y a los de 16 o 17 años que cometan delitos con pena mínima de dos años.


Entre los proyectos que a mediados de junio se tratarían en Diputados la regla general es el respeto a las garantías procesales y las medidas alternativas y ponen a la privación de la libertad como último recurso. Las diferencias están marcadas por las penas máximas consideradas y por la contemplación o no de la distinción de edad. Los proyectos firmados por Patricia Bullrich (Coalición Cívica) y Francisco de Narváez (Peronismo Federal) ponen las penas más altas de 15 y 9 años, respectivamente. Mientras que el presentado por Horacio Alcuaz (Gen) y Fernanda Gil Lozano (Coalición Cívica) no considera penalmente responsables a los menores de 16 años. Consultada por Página/12, Vilma Ibarra –firmante de otro de los proyectos en Diputados– indicó que en la actualidad “la edad mínima de imputabilidad es un eufemismo. La continuidad del paradigma tutelar (con la ley 22.278) permite que los jueces pongan presos a los chicos a cualquier edad, sin garantía de proceso, y hasta los pueden encerrar por su ‘condición material’, por ser pobres”.


Informe: Nahuel Lag.


http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-145948-2010-05-19.html