27.11.09

Proyecto y polémica

“Parece primar más el apuro por los pedidos de seguridad que los derechos de los niños.” La frase resume la posición de buena parte de las organizaciones sociales frente a la media sanción que el Senado dio el miércoles al proyecto de ley de Responsabilidad Penal Juvenil. La aprobación del Senado desató una polémica entre quienes rechazan la baja de edad de imputabilidad, que propone el proyecto, y quienes la defienden sosteniendo que no se trata de una baja de edad y que el proyecto instrumenta garantías sobre una franja de adolescentes castigados por la policía y que son detenidos sin blanquear. Algunos acuerdan en que el proyecto representa un avance en garantías procesales aunque desconfían de su cumplimiento.


“La ley significa un paso adelante en el sentido que contempla y mejora las garantías procesales de los chicos y crea estructuras de probation y medidas socioeducativas como parte de las penas. Pero no se contemplan medidas de prevención que significa que los chicos accedan a sus derechos. Parece primar más el apuro por los pedidos de seguridad que los derechos de los niños”, indicó Nora Shulman, directora ejecutiva del Comité por los Derechos del Niño (Casacidn).


Respecto de la baja de imputabilidad, Laura Taffetani, integrante del Movimiento Nacional Chicos del Pueblo, que nuclea a cientos de organizaciones que trabajan por la infancia, apuntó que “colocar a los pibes como el problema de una inseguridad construida por los adultos es hipócrita. Significa la construcción de un enemigo interno, cuando como sociedad no existe la responsabilidad para brindarle a los chicos los insumos básicos para su crianza”.


En cambio, el diputado Emilio García Méndez, especialista en el tema, destacó que la ley permitirá “un debido proceso a los menores de 16 años que hoy están detenidos, ilegalmente, por medidas de protección”.


El proyecto con media sanción ordena que los centros en los que los adolescentes queden detenidos deberán ser dirigidos “por personal especializado y capacitado” y “en ningún caso podrán estar a cargo de personal policial”. Puntos como éstos son apoyados en forma unánime, pero muchos sospechan que la orden se transforme en “letra muerta”. Taffetani sostuvo que “esas condiciones también estaban indicadas en la Ley de Patronato (reemplazada por la Ley de Protección Integral Infantil) y no se cumplían”.


Según un informe de Unicef y la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, publicado en 2008, el 12 por ciento de los chicos permanecía privado de su libertad en centros policiales y el 21 por ciento en unidades penitenciarias. “Con un chico que llega a ser parte de un hecho delictivo es necesario trabajar con las herramientas que le permitan construir un proyecto, algo que en la cárcel no van a conseguir”, resaltó Taffetani.


Shulman advirtió que en Buenos Aires las leyes vigentes son “excelentes, pero no están funcionando. Tanto es así que están queriendo ir para atrás y ampliar el tiempo que los chicos pueden permanecer detenidos en las comisarías, porque ‘no tienen tiempo para investigar’. En la provincia de Buenos Aires no pueden formar los sistemas de protección por falta de presupuesto”.


“Cuando decimos que no hay pibes en conflicto con la ley es porque consideramos que es la sociedad, en conflicto social y económico, la que los lleva a un callejón sin salida”, apuntó Mario Espínola, referente de la organización Chicos del Sur, una de las que estuvo presente en el Senado para pedir “no a la baja de imputabilidad”.


“Los legisladores avanzan sobre este proyecto con muchísima desinformación. Viviendo realidades muy distintas a las de los pibes que mueren de hambre, que tienen falta de atención en salud. Nadie está legislando para terminar con el hambre mañana”, sentenció Espínola.


Informe:
Nahuel Lag.


http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-136023-2009-11-27.html

26.11.09

Se agranda algo que es menor


De acuerdo con cifras de la Procuración General bonaerense, la participación de los adolescentes en el delito es baja, a contramano de la sensación creada por algunos medios y voceros policiales.

Sociedad-Página/12, 26 de noviembre de 2009.- No importan sus historias previas repletas de derechos vulnerados: un día los medios de comunicación o la policía le ponen un apodo y un adolescente se transforma en el máximo escollo para terminar con la “inseguridad”. Sin embargo, los informes de la Procuración General de la provincia de Buenos Aires sobre las causas iniciadas en el primer semestre de 2009 indican que los menores de 18 años cometieron sólo el 4 por ciento de los delitos registrados en el nivel provincial, mientras que dentro de ese porcentaje sólo el 0,10 por ciento de los casos se trató de homicidios en ocasión de robo. “Antes de que los chicos empuñaran un arma hubo una ausencia del Estado social para acompañarlos en su desarrollo”, advirtió Claudia Cesaroni, del Centro de Estudios en Política Criminal y Derechos Humanos.

Al comparar los documentos que relevan la cantidad de Investigaciones Penales Preparatorias (IPP) iniciadas por los fueros de Responsabilidad Penal Juvenil bonaerenses y las fiscalías regulares, se obtiene que el total de delitos cometidos por menores de edad representan sólo un 4,06 por ciento. Entre los delitos graves cometidos por niños y adolescentes se registraron 127 causas por homicidio y sólo 14 por homicidio en ocasión de robo. Ambos tipos de homicidios sumados representan el 8,6 por ciento del total de crímenes cometidos en la provincia. Mientras que sobre el total de delitos, los registrados por homicidio en los fueros juveniles sólo representan un 0,04 por ciento.


“La tasa continúa siendo baja en relación con la tasa de homicidios cometidos por los adultos. Además, los casos no están relacionados al crimen de tipo organizado sino que, en su mayoría, son riñas y hechos de violencia entre personas de las clases sociales bajas por la falta de contención social”, resaltó Julián Axat, defensor oficial del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil platense. En relación con el tratamiento mediático de este tipo de delitos indicó que “se generó un fenómeno de victimización por parte de las clases medias” a partir de los resonantes casos del futbolista Fernando Cáceres y la arquitecta Renata Toscano.


Si se contempla el total de delitos contra las personas como lesiones culposas –198 casos– y leves, las causas iniciadas por participación de menores de edad alcanzan el 0,6 por ciento del total de delitos.


En un documento reciente elaborado por todos los defensores juveniles de los fueros provinciales, tomando como base los datos de la Procuración General, en el que se oponen al proyecto para aumentar las horas de detención en comisaría de los menores, indican que “la reforma se asienta sobre un panorama estadístico con cifras sin incidencia delictiva a nivel general” y agregan que se basa “más en el efecto e impacto que otorgan los medios de comunicación que sobre la incidencia delictiva real”.


El último gran “delincuente precoz” presentado por los medios es “El Angel”, un chico de 14 años que según se informaba tenía 60 causas iniciadas, cuando –como informó Página/12 la semana pasada– sólo once causas en su contra se habían iniciado ante la Justicia. Otro caso es el de “Josecito”, de 15 años, a quien le atribuían 43 detenciones, muchas de “dudosa legalidad”, según denunció Axat.


En diálogo con Página/12 el defensor indicó que el tratamiento mediático “generó un fenómeno de victimización” a partir de los resonantes casos del futbolista Fernando Cáceres y la arquitecta de Wilde, Toscano.


¿En qué medida participan los pibes en robos? Según las causas iniciadas por delitos contra la propiedad, los delitos simples como hurto y robo son los más numerosos cometidos por niños y adolescentes, con un 31 por ciento del total de las registradas por los fueros juveniles bonaerenses. Sin embargo, si se amplía al total de los casos de ése tipo delictivo a nivel provincial, en los primeros seis meses de 2009 los pibes estuvieron implicados en sólo el cinco por ciento de los casos. También se destaca que en sólo el diez por ciento de los casos en los que los menores de edad participaron de un hecho delictivo portaban armas.


“Lo que hay que analizar es qué hace que un pibe esté inserto en una situación de violencia. Para atacar las cadenas delictivas hay que buscar cuál es el adulto que lo mandó a robar, un tema que se aborda poco. Detrás de los grandes cadenas delictivas no hay pibes de 14 años; antes de que ellos empuñaran un arma hubo una ausencia del Estado social para acompañarlos en su desarrollo”, apuntó Cesaroni.


En ese sentido, el abogado integrante del Foro por los Derechos de la Niñez bonaerense, Marcelo Ponce Núñez, aseguró que “la violencia nace de la exclusión” e ironizó: “Las pistolas no se compran en la juguetería. Son los adultos los que compran y venden en un mercado negro, pero no se investiga y siempre el hilo se corta por la parte más delgada. Los mayores hacen el negocio y los chicos pagan las consecuencias”.


Los números del documento muestran que mientras se iniciaron 13.728 investigaciones contra menores de edad, los adultos participaron en un total de 324.249 casos, es decir, el 4 por ciento. Según datos del Ministerio de Justicia difundidos la semana pasada, en Argentina, el promedio de homicidios dolosos se ubica en el 5,3 cada 100 mil habitantes, mientras que el promedio en la región alcanza el 25 cada 100 mil.


Informe: Nahuel Lag.


http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/3-43809-2009-11-26.html

23.11.09

Encuentro en el mar en clave de sol


Orquestas de chicos y adolescentes de Argentina, Paraguay, Brasil, Chile y Colombia se encontraron por iniciativa del Ministerio de Educación nacional. Los ensayos están dirigidos por el Programa Nacional de Orquestas y Coros para el Bicentenario.


Sociedad-Página/12, 23 de noviembre de 2009.- El viento húmedo y con sal, por la brisa que llega desde el mar, no es lo mejor para la afinación y conservación de sus violines, contrabajos, clarinetes, flautas y oboes, pero la emoción de tocar en todas partes es más grande que la cautela. Los tambores, bombos y timbales están fuera de peligro, son instrumentos más acostumbrados a estar al aire libre, en la calle de la música popular. En el auditorio donde ensayaban, en el teatro donde dieron los conciertos o en los parques y la playa donde siguieron tocando, los niños, niñas, adolescentes y jóvenes de Argentina, Paraguay, Brasil, Colombia y Chile vivieron una semana a puro ritmo en el Encuentro de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles para el Bicentenario en Mar del Plata. Los jóvenes músicos no sólo disfrutaron de talleres de intercambio y clases con referentes de la música, sino que mostraron en su máxima expresión cómo el arte es un derecho y un puente para la integración (ver aparte).


Dicen que el celular es el producto tecnológico más vendido en la historia y en las escuelas los prohíben porque los estudiantes se distraen. Pero, desde el martes y hasta el viernes, los más de 500 jóvenes músicos sólo cargaban entre las manos, celosamente, sus instrumentos, de un lado a otro en los enormes predios de Chapadmalal en los que se alojaron e intercambiaron experiencias, do, re, fa y silencios mediante.


Gerardo es tenor y desde mayo es parte del coro Re-fugio de Reconquista, Santa Fe, cuando la directora dio aviso de que la posibilidad de sumarse a la orquesta escolar estaba abierta. Gerardo dice que “desde chico tenía un don especial por la música y el dibujo”, por eso quiere terminar el secundario para estudiar en la Escuela de Arte local. El deseo pareció complicarse cuando abandonó la escuela porque sentía que “no pertenecía”. Pero con el cambio de institución y compartiendo la escolaridad con sus compañeros del coro volvió a empezar y todo parece tener futuro en clave de sol. Es que ésa es su pasión y el logo que los cincuenta jóvenes del coro diseñaron para que los represente demuestra que es la de todos: con una clave de Fa y una clave de Sol formando un corazón.


El auditorio en uno de los complejos de Chapadmalal no da abasto para el ensayo final de lo que fue, al día siguiente, viernes, el cierre del encuentro, cuando los jóvenes músicos tocaron en la famosa Rambla de Mar del Plata enmarcados en la fotográfica estatua de los lobos marinos. “¡Cómo va a sonar esto!”, adelantaba uno de los docentes de música de los 18 coros y orquestas, mientras ayudaba a ordenar la Playa Bristol, cubierta de sonidos y jóvenes intérpretes.
El encuentro de tantos instrumentos y pibes no es producto del azar sino de la iniciativa del Ministerio de Educación con el Programa Nacional de Orquestas y Coros para el Bicentenario, acompañado por los programas hermanos de Paraguay, Brasil, Chile y Colombia.


“Armar coros y orquestas juveniles con instrumentos de la tradición sinfónica en las escuelas es una práctica de varios años en América latina. En las escuelas orquestales los chicos reciben determinados tipos de hábitos que les sirven para su vida cotidiana y su escolaridad. En los ensayos los chicos tienen que escuchar a los compañeros, seguir la partitura, ver al director, llegar a acuerdos. Para muchos pibes significó mejorar en su escolaridad, reinsertarse en la escuela o sacarse la etiqueta de que no podían aprender, a partir de participar en un proceso pedagógico distinto”, explicó el ideólogo y coordinador del programa, Claudio Espector.
Como cada mañana, después de los talleres de cuerdas, metales y percusión y la clase especial a cargo de músicos como Verónica Condomí, Rubén Rada, Marcelo Moguilevsky o el Chango Spasiuk, pibes y pibas salen a disfrutar de sus minivacaciones a kilómetros de sus hogares y frente al mar, que muchos no conocían.


“Allá tenemos el dique de Cabra Corral que llena de agua los valles, pero el océano es inmenso, infinito parece”, graficó Juan que con sus 18 años dejó el taller mecánico en el que trabaja en las afueras de la capital de Salta para venir a tocar el contrabajo en la orquesta. “Tocando tantas personas juntas aprendés mucho del otro, te apoyás cuando te equivocás y se siente una energía fuerte en el pecho cuando suenan todos los instrumentos a la vez.”


La energía musical se sintió toda la semana y en el cierre la descargaron frente al mar sobre la rambla marplatense. En la famosa antesala a la Bristol, los pibes y pibas volaban de alegría, mientras que los coordinadores los ordenaban como en un aeropuerto, carteles en alto con la leyenda: maderas, cuerdas, metales, en los que los músicos se identificaban y formaban para hacerlos sonar en la última gran pieza.


Pero no será la última de sus incipientes carreras. Yésica cuenta que al volver a Santa Cruz la esperan tres giras artísticas más por la provincia, antes de finalizar el año.


–¿Vas a seguir en la orquesta cuando termines la escuela?
–Una vez que se descubre la música ya no se puede salir. Cuando termine la escuela voy a ir a estudiar al Colón para ser docente”, explica con sólo 14 años y una vocación.

Informe: Nahuel Lag

18.11.09

"Intensidades de Mujer" en el Bauen.-

El hotel recuperado por sus trabajadores fue el escenario donde algunas de las 18 mujeres presas o en libertad desde hace no mucho tiempo, junto con el ideólogo y coordinador del proyecto, el periodista Oscar Castelnovo, presentaron un libro que, además de compendiar cuentos, poemas y cartas escritas por ellas tras las rejas, pone a disposición de quien lo lea un informe sobre el estado de quienes habitan las cárceles bonaerenses.

Por Nahuel Lag
Fotografía de Sofía Lobo

Buenos Aires, noviembre 18 (Agencia NAN-2009).- “La Rusita” pasó casi dos años recluida en la Unidad Penitenciaria de Ezeiza y ahí se encontró con la literatura como un puente a la libertad. “Había que buscar una salida y yo encontré la libertad escribiendo”, recuerda. Es que hace tres años que consiguió caminar las calles y lo hace todos los días mientras se gana unos pesos paseando perros por la ciudad de Buenos Aires. Hoy habló con Agencia NAN sentada en una escalara, en las puertas del salón de eventos del Hotel Bauen, mientras esperaba que llegaran los invitados a la presentación del libro Intensidades de Mujer, una producción que recopila aquellos textos que la ayudaron a “salir de adentro” junto a los de otras 18 mujeres que fueron sus compañeras. Textos que hablan de la bronca de los derechos vulnerados, de la pasión del amor tras las rejas y de las ansias de Libertad, aunque algunas de ellas siguen recluidas.

Oscar Castelnovo es coordinador e ideólogo del libro que dedica “a las chicas de Ezeiza: Para la Libertad”. Oscar es periodista y llegó a conocer a todas las escritoras porque entra a los penales para tomar notas de sus historias y denunciarlas, pero también para brindar talleres periodísticos. Ese compromiso produjo que lo directivos del penal le prohibieran la entrada por nueve meses. Con “La Rusita” se conocieron en un colectivo cuando él iba comentando uno de sus textos publicado en una revista del penal y ella de visita al lugar donde “te inspira desde al maltrato hasta el no poder ver un atardecer”. Su manera de superarlo fue “escribir con ironía, escribir cuentos eróticos. Imaginate, ahí adentro rajas las paredes”, se ríe “La Rusita” de aquel pasado de pabellones repletos de mujeres donde la soledad no es posible, donde suena cumbia y rock and roll y donde los amoríos también existen.

En el salón ya están todos acomodados: amigos, familiares, integrantes de organizaciones sociales y de Derechos Humanos, militantes. La escritora en libertad se levanta y va a ocupar su asiento; está ansiosa por ver a sus compañeras que con el permiso de los jueces debían venir en micro desde Ezeiza. Entre ellas, “La Galle” --hija de desaparecidos, militante de H.I.J.O.S., condenada a 30 años por la justicia brasilera por un secuestro en el que quedaron dudas sobre su participación-- y Claudia Sobrero –condenado a cadena perpetua por asesinato, recibida de Socióloga dentro del penal e impulsora de talleres de arte--. No podrá hacerlo ya que, celadores y Servicio Penitenciario mediante, no lograron llegar al Bauen.

Tras la noticia, “La Rusita” reconocerá que no la sorprende. El cronista tampoco se sorprende cuando recuerda las palabras de la rubia que hoy tiene sus textos editados: “Una vez me encontraron un texto en la celda y me dijeron: ahora el pabellón se pone hippón”.

Está tapada con un velo blanco, no tiene rostro, no tiene identidad. Comienza a abalanzarse entre las rejas, comienza a abrir puertas: una, dos, tres, cuatro. Su rostro ya se ve, aunque tenso. También su cuerpo. Parece que es la última puerta. Se escuchan los pájaros, el aire en la cara. El cuerpo se descontractura. Recuperó su libertad. Es la actriz Mirta Israel interpretando cualquiera de los textos de las 18 mujeres.

Oscar toma la palabra y avisa que “este no será un acto protocolar toma-tú-que-te-toca-a-ti”. Y va a quedar claro, los focos iluminarán toda la velada a una mesa y a un juego de sillas que, ubicados en el centro del escenario, quedarán vacíos por el resto de la velada hasta el final. Los oradores subirán, tomarán el micrófono, dirán sus palabras de pie y bajaran a mezclarse entre el resto de los pares. Libertad.

La primera en tomar la palabra es María del Carmén Verdú, abogado integrante de la Correpi, que no dio vueltas: “En los últimos diez años la cantidad de presos en Argentina se duplicaron; estar preso es la segunda causa de muerte provocada por la fuerzas de seguridad estatales; el 39 por ciento no tiene condena; hay una hacinamiento del 700 por ciento”. Es que el libro no es sólo un compendio de los trabajos que ellas realizaron dentro del penal, sino que también cuenta con un anexo documental en el que se resume el Informe 2009 del Comité contra la Tortura sobre las cárceles bonaerenses y una entrevista a la directora Ejecutiva del comité.

“Wally” hoy está en libertad y en muletas llegó hasta el Bauen para participar de la presentación del libro editado por América Libre, en el que aparecen también sus textos. América Libre, a diferencia de la primera editorial que se encargaría de llevarlo a las calles, no puso reparos ni en las denuncias, ni en las escenas de amor lésbico de los cuentos. Toda la sala se mantiene en silencio mientras ella relata en primera persona uno de sus escritos, aquel en el que cuenta los encuentros en una pieza de Devoto con su esposo cuando él, como ella, estaba preso. “No sólo las cárceles tienen rejas, afuera también las hay. Cuando salimos nadie nos tendió una mano. El libro es importante para no nos prejuzguen”, explicó la mujer que estuvo dos años y nueve meses presa para luego ser sobreseída de culpa y cargo.

Lidia fue la tercera escritora que participó de la presentación y recordó que en el taller literario del penal “estaba más libre que los uniformados. Pero al salir sufrió la cadena perpetua” que impone la sociedad. A Lidia la rechazaron de 30 trabajos y participa del Foro de Encierro del Inadi por el reconocimiento de los derechos de los recluidos. “El dolor del encierro hay que expresarlo a través de libros o pinturas, es necesario”, resaltó.

Entonces, tanto hablar de textos y relatos dio sed de arte. La locutora Liliana Downes se hizo un lugar en el escenario para recitar la “Entrevista a un par de zapatos viejos”, de puño y letra de Belén, que lleva dos años en el penal de Ezeiza.

Pero no hay escritoras sin taller. Alcira Daroqui es una de las profesoras del taller literario del Penal. “Subo con el libro porque me sostiene”, aseguró. “La memoria sólo es posible al poner en diálogo el pasado y el presente. Y en el presente está este libro que es una puerta hacia el afuera, es una práctica de resistencia. Hay que celebrar la palabra”, escribió en el aire Daroqui.

Con tantas personas presentes que pelean con la palabra libertad como zanahoria no faltaron las referencias repetidas a Osvaldo Bayer, que no faltó a la velada. Según el historiador ya estaba todo dicho y documentado por los presentes y por un libro que hay que “promocionar para que se lea en las universidades y en el último año del secundario”. Entonces, fue sintético y resumió el espíritu de la producción literaria citando un fragmento del himno nacional: “ved en trono a la noble igualdad. Libertad. Libertad. Libertad”.

17.11.09

Que no sea otro Bulacio

Rubén Carballo, de 17 años, fue hallado en coma cerca del estadio donde fue el recital de Viejas Locas. La policía tiene una versión extraña. La familia denuncia que fue golpeado a bastonazos.


Sociedad-Página/12, 17 de noviembre de 2009.- La vuelta de la banda Viejas Locas en el escenario del club Vélez Sarsfield no sólo trajo un episodio de gente agolpándose para ingresar sin entrada. También llegó la represión policial con gases, balas de goma, palos y camión hidrante y un saldo de treinta heridos y 44 detenidos. Pasadas las 14 del domingo y después de llamar al celular de Rubén durante toda la noche, sin conseguir respuestas, su madre logró que atendieran el celular. No era Rubén, su hijo, sino una médica del Hospital Vélez Sarsfield que lo transportaba en ambulancia, inconsciente, después de recogerlo del predio en el que lo encontraron, a 600 metros del estadio al que había concurrido por el recital.

Rubén Carballo aún tenía la ropa teñida con el azul que desparramó el camión hidrante y la entrada del recital en uno de sus bolsillos cuando ingresó al hospital. Ayer, desde el Centro Gallego, donde fue derivado, un parte médico indicaba que estaba en “coma profundo”, con daños cerebrales por un golpe en el cráneo. Sus familiares y amigos dicen que al visitarlo vieron los golpes de los bastones y las balas policiales. El parte médico se limita a indicar que no se puede analizar la procedencia del golpe en la cabeza. La hipótesis policial supone que Rubén, de 17 años, habría trepado a la Autopista Perito Moreno y saltado hacia una red para luego treparse por un muro de la parte trasera del club. Con la entrada en su bolsillo. La Correpi relacionó el caso con el de Walter Bulacio y la Defensoría del Pueblo porteña comenzó una investigación (ver aparte).


Florencia es amiga de Rubén en el barrio de San Justo, partido de La Matanza, y ella estuvo con él “tomada de la mano para no perdernos”, contó en diálogo con Página/12. Junto con otros ocho amigos llegaron la tarde del sábado a las inmediaciones del estadio de Vélez Sarsfield y como buenos fanáticos de Viejas Locas se sumaron a la fila esperando utilizar la entrada que habían sacado hacía dos meses. La gente ocupó hasta cinco cuadras sobre Juan B. Justo para ingresar al sector campo por la única entrada que los organizadores del recital habían habilitado para el ingreso de gran parte de las 35 mil personas que colmaron el estadio.


Mientras esperaban al ingreso, un primer grupo de gente derribó el vallado que contenía la fila de miles de personas para “colarse” e intentar ingresar al recital sin entradas. “La gente te llevaba para todos lados, ni siquiera se podía hacer pie y tuve que salir de la fila por los gases que tiró la policía”, recordó Nahuel, otro de los amigos de Rubén. Entonces, parte del grupo decidió retroceder las cinco cuadras y comenzar a realizar la fila, otra vez.


Ya cerca de las 24, el grupo de Rubén, a una cuadra de la entrada, continuaba en la fila con pocas esperanzas. “De repente se sienten balazos. Pensábamos que, otra vez, eran problemas con la barra brava (que ingresó al estadio sin entradas). Nos quedamos quietos porque sabíamos que no teníamos nada que ver. Vimos que tiraban balas de goma y no al piso, para asustar. En un minuto, teníamos el camión hidrante tirándonos y nos avisaron que venía la montada por la vereda. Empezamos a correr, me resbalé con el líquido del hidrante y le solté la mano a Rubén. No lo vi nunca más”, relató Florencia, con las zapatillas todavía manchadas por el pegamento líquido del camión hidrante.


De lo que ocurrió después, por ahora sólo se conoce la versión policial. Las fuentes policiales aceptan que Rubén tenía su entrada, pero suponen que desesperado por no poder ingresar se dirigió hacia la autopista Perito Moreno a la altura del club Unión Ferroviaria. Entonces, desde arriba de la autopista se tiró hacia la red que cubre una de las canchas –a siete metros de altura– para luego descender hasta el suelo y utilizar una escalera para lograr pasar un muro que linda con el club Vélez Sarsfield y de allí al sector del campo. Según la suposición policial, el golpe en su cabeza podría haber sido provocado porque la red no resistió el peso y se rompió o porque en el salto Rubén golpeó contra un borde de la autopista.


Rubén Carballo, padre del joven internado, recibió la noticia de dónde estaba su hijo quince horas después del inicio del recital. Un grupo de personas del club lo encontraron tirado y dieron aviso. “Cuando llegué a la guardia del hospital, lo vi y tenía la pintura del camión que tiró hidrante en el cuerpo y la ropa, además tenía marcas de bastonazos y secuelas de balas de goma. La policía se dio cuenta de lo que había hecho y lo tiró en ese lugar”, indicó el padre, descreyendo de la versión policial que ya le había dado el subcomisario de la 44ª, encargada de la seguridad del evento.


“Hay testigos que vieron la golpiza. Qué necesidad iba a tener él de realizar esa maniobra imposible cuando tenía la entrada. Yo voy a saber cuáles fueron los responsables del estado de mi hijo. Ahora, quiero concentrarme en él y tengo la esperanza de que se recupere”, afirmó el padre.


Informe: Nahuel Lag.


http://m.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-135423-2009-11-17.html