1.8.10

Yendo de la villa al barrio

En Villa Palito, La Matanza, la iniciativa partió de la organización vecinal. En la Villa Carlos Gardel de Morón la impulsó el municipio. Ambos cambiaron chapas y barro por ladrillos, asfalto y servicios.


Por Nahuel Lag.

Sociedad-Página/12, 1 de agosto de 2010.- “¿Por qué no podemos tener un barrio ordenado con calles, luz, gas y agua?” Entre los vecinos de Villa Palito, San Justo, partido de La Matanza, la inquietud se convirtió en acción y en símbolo de la organización barrial para exigir al Estado el derecho a la vivienda de diez mil habitantes: cooperativas integradas por los propios vecinos levantaron gran parte de las 800 casas de una o dos plantas, financiadas por el Estado, y van por más. A unos kilómetros de allí, en la Villa Carlos Gardel, detrás del Hospital Posadas, a media hora del centro porteño, la pregunta surgió durante cincuenta años entre promesas incumplidas y vecinos descreídos. La iniciativa del municipio de Morón de articular los programas de vivienda de Nación y provincia, con las 480 familias del lugar permitió levantar casas propias, con asfalto y servicios, y dejar atrás los días de barro y casillas de chapa.

De los vecinos al Estado o del Estado a los vecinos, Villa Palito y Carlos Gardel, según los especialistas, son la mejor muestra de la aplicación de los programas de urbanización de villas y asentamientos lanzados por el gobierno nacional en 2005. De acuerdo con el Ministerio de Desarrollo Social bonaerense, el programa abarca a unos cien barrios del conurbano y planea invertir 8218 millones de pesos en los próximos cinco años. Así se comienza a saldar una deuda pendiente desde mediados del siglo pasado para miles de personas que llegaron al conurbano en busca de trabajo y un lugar donde vivir y fueron expulsadas y movilizadas por capricho de las dictaduras de turno y abandonadas por los gobiernos democráticos en asentamientos precarios.

Cantarle a Gardel

Neuquén 1933. Un par de años atrás, nadie podría haber llegado a esa dirección. La calle existía en la localidad de El Palomar, partido de Morón, pero después del 1800 se cortaba en la Villa Carlos Gardel, que le debía su nombre a la única vía de acceso al asentamiento. Allí, 2500 personas vivían amontonadas en ocho cuadras de pasillos y casas sin numeración ni servicios básicos. “Antes no podía invitar a nadie a mi casa porque me decían ‘no, vos sos de la villa’. Entonces, mentía porque me daba vergüenza ser rechazado”, cuenta Luis Gómez, de 19 años, sentado en el comedor que estrenó hace meses con sus padres en Neuquén 1933.

Para llegar a la casa de Luis se puede bajar del Acceso Oeste. Atrás del hospital, el barrio comienza a crecer con casas en tonos crema, amarillo, verde y rosa. Dos pisos, parque al frente y un tanque de agua como corona. Los tractores, los camiones cementeros y las topadoras que derriban las últimas casillas trabajan para levantar las últimas 31 viviendas y pavimentar el único rincón que queda con barro. Los últimos esperan con ansiedad en sus casillas y otros pocos aguardan alojados en containers.

El proyecto comenzó en 2004, cuando la Municipalidad de Morón, durante la intendencia de Martín Sabbatella, consiguió la cesión de los terrenos del Posadas para avanzar en la primera etapa sobre terreno limpio. Pero las casas de la segunda etapa debían levantarse en el lugar que ocupan casillas, donde los vecinos formaron una “gran familia” a fuerza de falta de divisiones entre casa y casa y puertas hechas de retazos de tela.

Cuando el municipio comenzó a enviar a trabajadores sociales para censar a los vecinos comenzaron las preguntas: “¿Nos van a mudar? ¿Nos van a construir casas?”, cuenta Adelina López, Piruni, como todo el barrio conoce a la fundadora del comedor Los Gardelitos. En el barrio, la desconfianza tenía una historia justificada.

El primer camión que había llegado a la zona, cuando todo era campo, fue un vehículo militar del Plan Nacional de Erradicación de Villas de Emergencia, impulsado por el dictador Juan Carlos Onganía. A las familias arrastradas hasta allí se les otorgaron casas transitorias con la promesa de una vivienda definitiva en uno de los edificios del complejo de monoblocks Barrio Parque Sarmiento, que en la actualidad convive, descascarado, frente a la Carlos Gardel. La entrega de viviendas no cumplió el plan original y no alcanzó a alojar a todas las familias; las casas transitorias se transformaron en precarias viviendas permanentes.

Para hacer frente al déficit, la organización barrial tuvo poco espacio para pelear por una vivienda digna en un barrio golpeado por la dictadura y por la democracia. “Por ser de la villa te pateaban la puerta y te decían que te tenías que ir”, cuenta Carolina Gómez, que llegó al barrio en 1975. Las botas que pateaban puertas también intervinieron el Posadas y convirtieron la escuela de enfermería en El Chalet, un centro clandestino de detención donde estuvieron vecinos de la Carlos Gardel que hoy están desaparecidos. En democracia, el municipio cedió los terrenos a una mutual evangélica que estafó a los vecinos y después el menemista Juan Carlos Rousselot propuso levantar un paredón para encerrar al barrio.

“El Carlos Gardel y el Sarmiento se transformaron en una isla separada del tejido urbano”, resume Ernesto Gorbacz, director de Producción Social de Hábitat de Morón. La estrategia planteada desde el municipio –con trabajadores sociales, psicólogos y tutores de mudanza– estuvo en instalar una Mesa de Trabajo para coordinar la urbanización con los vecinos.

“Hubo muchas promesas de cambiar el barrio, construir viviendas y darnos los servicios básicos, pero nunca un gobierno tuvo la voluntad política de cambiar la villa”, asegura Piruni. Entre las calles Perdriel y Marconi, que contenían el ancho del barrio, se abrieron ocho nuevas calles, con arbolado y alumbrado: tres respetaron la continuación de los barrios lindantes y otras cinco fueron nominadas por los vecinos. “Padre José María”, fue una de las que eligió Carolina en honor al recordado cura de la parroquia.

Mientras revolea los ojos intentando repasar su nueva casa, Carolina explica que para la segunda etapa de construcción fueron los vecinos los que decidieron los cambios en el diseño: “Hay más intimidad. Aprendimos a darles privacidad a las familias. Antes entrábamos directamente a la casa de un vecino, ahora le toco la puerta”, dice mientras deja asomar la nostalgia por la comunión de los mates en el pasillo. Pero no reniega: “En la villa éramos una gran familia, no teníamos obligaciones de pagar impuestos luz, gas; pero tampoco teníamos beneficios ni derechos. Ahora, tenés formas de hacer respetarlos legalmente”, explica, mientras afuera se escuchaba la cortadora de pasto de un vecino.

Hacer el propio barrio

“El monstruo del conurbano”, así le dicen los vecinos al barrio en el que nacieron y al que en cinco años transformaron casi por completo. Un monstruo perfumado, entre las pocas cloacas aún abiertas que traen el agua sucia de entre los pasillos y la lindante fábrica de la ex Jabón Federal. La bestia muestra en su fachada de 400 metros sobre la Ruta 4, a pocas cuadras de la Rotonda de San Justo, cómo está cambiando de piel: el tendido eléctrico improvisado se sigue cruzando entre las casas que combinan paredes y techos de cartón, chapa y ladrillo, pero entre esas construcciones precarias aparecen casas nuevas, bien paradas sobre sus cimientos, con colores vivos y servicios de luz, gas y agua.

A Villa Palito puede ingresarse por la calle Derqui, un antiguo aglomerado de cien casillas que cruza el barrio y une el “casco viejo” –20 hectáreas en las que hasta 2008 vivieron hacinadas diez mil personas– y el “casco nuevo”, donde nació la nueva historia del barrio, la de la urbanización.

Según los vecinos, ese proceso comenzó el 2 de octubre de 1999 cuando unos 200 integrantes de familias jóvenes de la villa se instalaron sobre 20 hectáreas de tierra libre que se extendían detrás del “casco viejo”. Con el Plan Arraigo, en los primeros años del menemismo, se había creado la Cooperativa del Barrio Almafuerte-Villa Palito Limitada para escriturar esos terrenos a nombre de los vecinos, pero no hubo un plan de vivienda.

“Trazamos calles y manzanas con palos e hilo (haciendo honor al nombre del barrio). Soñábamos con un barrio en el que la calle llegue a la puerta de casa”, resume Julián Ruiz junto a Juan Enríquez, Gabriel Díaz y Gladys Enríquez. Desde entonces, ellos y otros 70 delegados no se detuvieron. Caminaron el barrio, golpearon puertas en despachos oficiales y generaron emprendimientos productivos. “Si no hubiésemos creído en la organización, la villa sólo se hubiera agrandado”, asegura Juan, mientras por detrás pasa un camión que reparte soda y, más lejos, un joven arregla el parque de su casa.

Tras las elecciones de 1999, el entonces intendente Alberto Balestrini entregó los materiales para las primeras doce casas. En 2002, el Programa de Mejoramiento de Barrios con aportes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) llegó al barrio, los vecinos ya habían elaborado los planos.

Con las obras de servicios aprobadas, el trabajo fue convencer a los vecinos para que desalojaran las tierras ocupadas para comenzar la obra. “Mientras íbamos con las mujeres a comprar al Mercado Central, las convencía para que se afilien a la cooperativa, que el barrio se podía construir”, explica Gladys, que hoy se desempeña en el Centro Integrador Comunitario.

En 2004, el descampado fue el helipuerto del helicóptero presidencial. Néstor Kirchner aprobó subsidios para 420 viviendas y en 2005 se lanzó el plan de urbanización de villas. Gabriel camina con Página/12 por esas hectáreas donde hoy se levantan casi 800 casas, una escuela, dos jardines, un polideportivo, un salón de usos múltiples y el club de fútbol Almafuerte.

El sabe cómo se levantaron esas casas, lo hizo con sus propias manos. Fueron siete cooperativas de trabajo (hoy llegan a 15) formadas por los vecinos que tenían un Plan Trabajar. Julián también fue parte de esas cooperativas: “Nos dimos cuenta de que eran una oportunidad de trabajo. Al principio, era un esfuerzo convencer a los vecinos porque el país se había reactivado y afuera se encontraba trabajo por más plata, pero... ¡Estábamos levantando nuestras casas!”.

“Hola, Nacho”, saluda Gabriel. Nacho está arriba de una de las nuevas casas que se construyen dentro del “casco viejo”. Gabriel, que empezó como peón, hoy es presidente de la cooperativa El Gauchito y recorre el barrio consultando a los albañiles-vecinos cómo va la construcción y señalando los espacios donde antes vivía toda una familia y por estos días se levantan casas de un piso o dos, con habitaciones acordes con el censo de familias. “Es como un ajedrez. Hay que consensuar manzana por manzana con los vecinos para acordar qué grupo de familia puede, por tres o cuatro meses, mudarse a lo de un familiar, alquilar o vivir en una casilla deshabitada.”

“Hola, Eduardo ¿así que te fuiste con el Polaco?”, bromea Julián con un joven que se cambió de cooperativa porque por falta de documentos él no lo pudo llevar a trabajar en obras en la ciudad de Buenos Aires y San Isidro. “Nosotros no teníamos oficio y ahora podemos construir fuera del barrio. Los jóvenes también adquieren su oficio y comienzan a recuperar sus derechos y a salir de la calle”, explica Julián.

Juan, Gabriel, Julián o Gladys caminan el barrio y no paran de saludar a sus vecinos. Se mueven del club a la escuela, de casa en casa. El barrio que levantaron es su trabajo y su vida. “El barrio que se transforma desde sus vecinos busca sus propias estrategias, a partir de sus necesidades y de sus capacidades”, concluye Juan.


http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-150490-2010-08-01.html

27.7.10

Los primeros dentro de la ley

Viven en Mendoza desde hace catorce años y, hasta ahora, son los primeros en el país en obtener turno para casarse, tras la promulgación de la ley. Están juntos desde hace veintidós años. Dicen que muchos gays chilenos cruzarán la Cordillera para casarse.


Sociedad-Página/12, 27 de julio de 2010.- Se enamoraron en el Chile de la dictadura de Augusto Pinochet. Se reconocen católicos y le agradecen a Dios haberse encontrado. Hace 14 años viven en Mendoza, única provincia del país en la que un gobernador habilitó la “objeción de conciencia” (una trampa ilegal) para evitar el casamiento entre personas del mismo sexo. Jaime Zapata (52) y Giorgio Nocentino (44), ambos chilenos, son la pareja que podría transformarse en la primera de la Argentina en hacer realidad el casamiento entre personas del mismo sexo después de la sanción de la ley de matrimonio igualitario. Ellos no buscaron pasar a la historia por ser los primeros en disfrutar la igualación de derechos, sino que el azar burocrático así lo quiso, pero entienden que la celebración del próximo sábado será una “gran responsabilidad” porque estarán representando a “las personas que batallaron y se pusieron en campaña para lograr la igualdad”. Además de agradecer la lucha de las organizaciones de la diversidad sexual, Zapata reconoció que desearía agradecerle a la presidenta Cristina Fernández la posibilidad de casarse y vaticinó que muchos chilenos “cruzarán la Cordillera” para unirse en matrimonio, a pesar de que en su país, al igual que en toda América latina, esa unión no se les reconozca. La semana pasada, Amnistía Internacional llamó a los países latinoamericanos a “seguir el ejemplo” argentino.

El flechazo fue en el boliche Fausto, de Santiago, hace 22 años (“y siete meses”, precisó Nocentino) cuando la dictadura de Augusto Pinochet todavía se mantenía en el poder. Zapata contó que dos días después de aquella noche volvieron a encontrarse y desde entonces no se separaron. Por aquellos días, él trabajaba en Casa Cohen, una reconocida tienda de ropa masculina, donde atendió a diplomáticos y artistas como Cristian Castro, mientras Nocentino cursaba su segundo año de la carrera de Contabilidad en la Universidad Gabriela Mistral. Ambos viven aquel primer encuentro como una bendición. Nocentino resaltó: “Siempre le pedí a Dios que me dejara conocer a la persona que realmente me correspondía”; su compañero agregó que, aún hoy, cada día agradece “a Dios por permitirnos estar juntos”.

–Durante el debate por la ley de matrimonio igualitario, la Iglesia aseguró que Dios sólo bendice las parejas entre hombre y mujer –observó este diario.

–Hijos de Dios somos todos y no me lo va a negar ninguna autoridad de la Iglesia. Dios nunca va a dejar de ver con buenos ojos un acto de amor como el nuestro. Por eso, mi comunión con Dios es personal y nadie me la puede quitar. La cúpula eclesial no me representa –respondió Nocentino.

–Se han escuchado barbaridades eclesiásticas, intentando señalar la unión entre personas del mismo sexo como producto del diablo. Pero nuestra relación está creada por el amor, y el amor es obra de Dios –agregó Zapata.

Hace 14 años que Giorgio y Jaime le hacen sus promesas a la Virgen de Lourdes, que tiene su santuario en la precordillera mendocina. Primero, tuvieron que cruzar la Cordillera desde su Santiago natal. Fue en septiembre de 1988, el primer año en que vivieron juntos, cuando conocieron Mendoza. Pero en las vacaciones de verano de 1996 fue cuando se enamoraron “de la calidad de su gente, de su amabilidad”, confesó Zapata. Aquel verano cruzaron los Andes con un Mini Cooper modelo 1973 que no aguantó el esfuerzo y se quedó en el camino. “Nos encontramos con gente que nos dio una mano, nos brindó ayuda sincera y nos cautivó”, explicó Zapata. Además, los dos quedaron impactados con la Fiesta de la Vendimia. “Catorce días después, estábamos pidiendo la radicación en Mendoza”, relató Nocentino.

Después de 14 años en los que “no paramos de trabajar”, aseguró Jaime, y en los que reconoció que fue “cómodo” respecto de la militancia por la diversidad, llegó el día de pedir el turno en el Registro Civil. Fue el día posterior a la votación en el Senado y la respuesta fue que había que esperar a la promulgación. Después del discurso de la Presidenta el miércoles pasado, Giorgio fue otra vez el Registro y obtuvo un turno para el sábado 31. La intención no era ser la primera pareja en casarse, pero el Registro Civil mendocino toma el sábado como un día hábil y el plazo de la promulgación presidencial se habrá concretado el viernes.

–¿Qué creen que puede cambiar con el casamiento, después de tanto tiempo de convivencia?

–En nuestra vida cotidiana nada, seguimos siendo los mismos. A mi forma de ver, estoy casado hace 22 años. Sin embargo, la unión en matrimonio legaliza nuestra pareja ante el mundo. Hasta ahora, sentía frustración cuando pensaba en un futuro en el que yo o él faltáramos. Me quitaba el sueño que no pudiéramos tener decisión sobre el patrimonio que construimos juntos ni ser quienes tomemos las decisiones si el otro se enfermaba. Ahora, me puedo morir tranquilo –afirmó Nocentino.

–¿Qué significa para ustedes ser la primera pareja homosexual en casarse con la nueva ley?

–Muchas personas homosexuales y heterosexuales batallaron y se pusieron frente a una campaña por lo que somos y por conseguir nuestra igualdad ante la ley. No pude participar a la par de ellos, anhelaba disfrutar este derecho aunque no creía que fuera posible. Por eso, ser los primeros en casarnos es una gran responsabilidad para demostrar que amamos y merecemos ser amados.

Informe: Nahuel Lag.


http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-150201-2010-07-27.html

21.7.10

Con la pena natural alcanza



Sociedad-Página/12, 21 de julio de 2010.- Un juez rosarino decidió eximir de prisión a un hombre al que encontró responsable del delito de “robo calificado por el uso de arma de fuego” por considerar que en el caso operó una “pena natural”. En resumidas cuentas, el juez de Sentencia Gustavo Salvador consideró que la pena de cuatro años solicitada por la fiscal de la causa no se correspondía con el saldo del delito: Mario Merlo, de 22 años, quedó parapléjico después de un tiroteo cuando intentó robarle una bicicleta a un policía que circulaba de civil. De acuerdo con la causa, Merlo recibió un disparo del arma reglamentaria del cabo Federico Portillo, que según el fallo actuó en “legítima defensa” y también fue liberado de culpa. El fallo de Salvador es el segundo en la provincia de Santa Fe en contemplar la “pena natural”, de acuerdo con el principio constitucional de proporcionalidad de la pena. En la noche del 17 de agosto de 2005, Merlo y Portillo se trasladaban en bicicleta por Rosario, la zona donde se cruza la avenida Circunvalación y 25 de Mayo. De acuerdo con la declaración del policía, Merlo se acercó junto a otros dos hombres, los tres en bicicleta, y amenazó a Portillo con un arma calibre 22 para quitarle el rodado, mientras que los otros dos hombres portaban armas blancas.

En ese momento, el policía de civil entregó la bicicleta sin resistencia y esperó a que los ladrones recorrieran unos diez metros para exhibir su arma y dar la voz de alto, siempre según la versión del policía. En ese momento, Merlo gatilló cinco veces su arma y logró un solo disparo –asentado por los peritos balísticos en la causa–, por lo que el policía se defendió disparando su arma reglamentaria y acertándole el tiro que “interesó el pulmón derecho y afectó la décima vértebra dorsal, provocando paraplejia”, indica el informe médico en el fallo. Los otros asaltantes se fugaron y nunca aparecieron en la investigación.

A lo largo de la causa que se inició en 2005 y fue retomada por Salvador a principios de 2010, la versión policial fue la que se mantuvo firme, ante la falta de testigos y las rectificaciones en la declaración de Merlo. Pruebas en mano, Salvador decidió no acompañar el pedido de la fiscal de la causa contra el policía por el delito de “lesiones gravísimas con exceso de legítima defensa” al considerar que “el despliegue de su arma reglamentaria” en la situación descripta no “puede considerársela como irrazonable a los efectos de catalogársela como excesiva”.

En cuanto al fallo contra Merlo, el juez no acompañó ni el pedido de absolución de la defensa ni los cuatro años de prisión solicitados por la fiscal. Merlo fue encontrado coautor penalmente responsable, pero Salvador, a tono con el principio de proporcionalidad de la pena declarado de rango constitucional por la Corte Suprema, entendió que “son incompatibles con la Constitución las penas crueles o que consistan en mortificaciones mayores a aquellas que su naturaleza impone”.

“Cuando por consecuencia de un hecho delictivo el acusado tiene un daño grave (físico o psicológico) carece de sentido sumarle otra pena. La circunstancia de la vida le ha producido el castigo. Si una persona supiera que por robar una bicicleta va a quedar parapléjico, no lo hace”, resumió Alberto Binder, vicepresidente del Instituto Comparado de Ciencias Penales (Inecip).

La “pena natural” es una figura no contemplada en el Código Penal, sino en los códigos procesales de algunas provincias como Buenos Aires, Chubut y Santa Fe, contó el especialista. La figura procesal permite a un fiscal archivar una causa en la que el imputado recaiga bajo esa figura. Por ejemplo, una causa por “homicidio culposo” contra un conductor que en un accidente por negligencia haya matado a los familiares que lo acompañaban en el automóvil.

En la provincia de Santa Fe existe un solo antecedente de “pena natural” que fue solicitado en 2008 por un fiscal al Juzgado de Sentencia Nº 8. En aquella oportunidad, un ladrón había quedado cuadripléjico luego de un tiroteo con la policía. En el fallo del juez Salvador, se mencionan otros dos antecedentes de la Justicia bonaerense y textos de Eugenio Zaffaroni.

Informe: Nahuel Lag.


http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-149883-2010-07-21.html

20.7.10

“Es una batalla cultural”

En un acto en la Casa de Gobierno y ante representantes de organizaciones de mujeres, Cristina Fernández puso en marcha la nueva norma que tipifica diversas situaciones de violencia hacia las mujeres y prevé sanciones a los responsables.


Sociedad-Página/12, 20 de julio de 2010.- La promoción en todo el país de servicios de asistencia integral gratuita para las mujeres que padecen violencia de género y la extensión de la figura de protección contra la violencia familiar a nuevas figuras que contemplan la violencia en cualquier ámbito donde la mujer desarrolle sus relaciones interpersonales. Esos son dos de los ejes fundamentales de la ley 26.485 contra la violencia de género, que ayer se puso en plena vigencia con la firma del decreto reglamentario por parte de la presidenta Cristina Fernández. “Hemos dado un paso más en las garantías y restitución de derechos”, consideró la Presidenta ayer en el acto realizado en Casa de Gobierno y agregó que “la violencia contra la mujer es una batalla que hay que dar desde lo cultural”. Las referentes consultadas por Página/12 coincidieron en la necesidad de un cambio cultural, resaltaron la importancia de que el Gobierno incluya la violencia de género en la agenda pública y adelantaron los pasos a seguir respecto de la asignación de presupuesto y la puesta en práctica de la nueva norma.

“Lo único que he hecho hoy (por ayer) es firmar la reglamentación de un decreto que ha sido una profunda construcción social participativa y que ha llegado a todos los estamentos de la sociedad y del Estado”, apuntó Cristina Fernández en el Salón de las Mujeres antes de felicitar a las militantes femeninas por “encender luces en la oscuridad”. El proceso de reglamentación de los 45 artículos de la ley 26.485, sancionada en 2009, contó con la participación de tres comisiones consultivas integradas por organizaciones sociales y sindicales, académicos, funcionarios judiciales, periodistas e integrantes de los ministerios y secretarias que actúan en el área de la violencia de género.

Perla Prigoshin, representante del Consejo Nacional de la Mujer (CNM) en el proceso de reglamentación, señaló que “no hubo modificaciones estructurales” a la ley sancionada en 2009. La legislación reglamentada avanza sobre la anterior ley a nivel nacional y provincial que protegía a las mujeres de la violencia doméstica y avanza sobre la violencia física, psicológica, sexual, simbólica y económica y patrimonial, que le pone letra al reclamo de igual salario por igual tarea.

Dentro de la violencia simbólica, Prigoshin destacó la reglamentación sobre “violencia mediática”, al considerarla “una área inexplorada en Latinoamérica, en la que se puntualiza qué se entiende por imágenes y contenidos que vulneran la dignidad de las mujeres e incurren en violencia”. La integrante del CNM adelantó que las sanciones frente a ese tipo de violencia serán coordinadas con la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, creada por la nueva ley de medios.

A nivel judicial, Prigoshin consideró relevante la inclusión de la posibilidad de realizar denuncias anónimas “para proteger a los funcionarios públicos y especialistas” y la condición de que una causa no sea archivada a la espera de la ratificación de la denuncia por parte de la víctima, para evitar la revictimización o el condicionamiento por temor.

La ley reglamentada debe ser aplicada en todo el país, a excepción de las medidas de procedimiento de la Justicia que podrán ser ajustadas por las provincias a medida que se adhieran a la ley. Sin embargo, algunas condiciones procedimentales como el acceso gratuito a la asesoría legal para todas las mujeres que padezcan violencia serán obligatorias. “Es fundamental y urgente que se ejecuten medidas de este tipo y es un excelente paso que figure en la ley. Pero será un gran desafío de coordinación y recursos llevarlo a la práctica”, advirtió Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA).

El presupuesto es una de las preocupaciones de las organizaciones que combaten la violencia de género ante la adecuada aplicación de la ley. Fabiana Tuñez, coordinadora de la Asociación Civil Casa del Encuentro, resaltó que “será necesario mayor presupuesto para los ministerios y secretarías que aborden la temática de violencia, como para campañas que permitan generar conciencia y prevención para erradicar la violencia”, y consideró que la reglamentación de la ley “es una herramienta para reclamar nuevos fondos en el presupuesto del próximo año”.

Informe: Nahuel Lag.


http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-149840-2010-07-20.html

16.7.10

Grupo Mascaró: “Un proceso histórico siempre está acompañado de un movimiento cultural”.-

El documental Un alma cargada de futuro realza el costado cultural de la militancia de los setenta, particularmente la del PRT y el ERP, con la participación de figuras como Roberto Santoro, María Escudero, Raymundo Gleyzer, Haroldo Conti, Nicolás Casullo y Daniel Hopen. “Queríamos desmitificar la idea de que el ERP lo integraban Roberto Santucho y un par de locos más que tiraban tiros”, recalca Omar Neri.

Por Nahuel Lag
Fotografía gentileza de Guadalupe Lombardo

Buenos Aires, julio 16 (Agencia NAN-2010).-
Ninguno tenía experiencia en el trabajo audiovisual, pero compartían una idea: contar historias no reveladas desde un punto de vista de clase. También un primer objetivo: reconstruir la historia de los talleres de alfabetización realizados por militantes peronistas, basados en la experiencia cubana, en una barrio neuquino durante 1973. La carrera de periodismo en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo y la influencia del Grupo de Cine Insurgente como equipo docente de la materia formación audiovisual hicieron el resto. En 2002, después de la crisis económica y social más fuerte que sufrió el país, nació el Grupo Mascaró Cine Americano. En 2003, la experiencia de alfabetización peronista llegó a las pantallas conUso mis manos uso mis ideas, que ganó el V Festival de Cine y Video de Derechos Humanos. Pero el futuro del grupo estaba escondido detrás del nombre. La historia del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), y en ella la militancia del autor de Mascaró, el cazador americano, Haroldo Conti, son el eje central de la filmografía del grupo. Tras repasar los distintos períodos del PRT y el ERP en la trilogía Gaviotas blindadas, en Un arma cargada de futuro se muestra la política cultural de la organización como herramienta para la revolución de la mano de militantes como Roberto Santoro, María Escudero, Raymundo Gleyzer, Conti, Nicolás Casullo o Daniel Hopen.

Cuando Mónica Simoncini y Omar Neri comenzaron a investigar la historia del PRT y el ERP se encontraron con “una historia no revelada”. Poco a poco, fueron acumulando 190 horas de filmación producto de 120 entrevistas a militantes del grupo guerrillero, que respaldaron con 22 horas de material de archivo. Todas las filmaciones permitieron reconstruir en tres períodos 1961-1973, 1973-1976, 1976-1980, la trilogía
Gaviotas blindadas y “desmitificar la idea de que el ERP lo integraban Roberto Santucho y un par de locos más que tiraban tiros sino que contenía cantidad de experiencias válidas para recuperar”, apuntó Neri.

Entre esas experiencias, estaban la del grupo literario Barrilete, creado por Santoro; el Cine de la Base, liderado por Gleyzer; y el Libre Teatro Libre, por Escudero. La política cultural del PRT-ERP, que no se manifestaba como estrategia política sino como conjunto de acciones de artistas que también eran militantes, se había disuelto entre tantas historias de lucha contra las dictaduras de turno.
Un arma… recupera los orígenes culturales de la organización armada, aquellos que encontraban a un grupo de intelectuales reunidos por Francisco René Santucho, hermano de Roberto, en la librería Dimensión, de Santiago del Estero. Allí se formaría el Frente Revolucionario Indoamericano y Popular (Frip) que en 1965 se uniría con Palabra Obrera para dar vida al PRT, guiado por las ideas de un poeta, médico y revolucionario: Ernesto “Che” Guevara.

-- ¿Influyó comenzar a trabajar en la investigación después de la crisis de 2001?
Mónica Simoncini: -- Se facilitó conseguir los testimonios, porque era un momento de apertura en el que parecía que se lograría un cambio, y se comenzaron a recuperar los relatos de militancia. Nos encontramos con muchas militantes del ERP y el PRT que nos decían que nunca habían contado su experiencia y que a partir de los documentales se lo contaban por primera vez a sus hijos. Entre los jóvenes había una imagen muy distorsionada de la época y si se le preguntaba por la década del '70 sólo conocían a Montoneros. Nuestra primera intención fue la de producir videos para la formación en las organizaciones sociales profundizando en una manera de contar que evite caer en el golpe bajo y logré una mirada más positiva de la militancia. Los testimonios están editados para que sean los militantes los que tengan la oportunidad de narrar el espíritu de la época, el porqué de su lucha y por qué creían en que la organización podía llevar al cambio social, a la revolución.
Omar Neri: -- Por eso, en los documentales evitamos usar voces en off. La idea es que parezcan estar hechos en los '70, no por la estética sino por la forma de contar, con el sentimiento de aquél momento. Poner varias voces también tiene que ver con el decir de los militantes de que “eran uno solo". Luchaban por lo mismo y lo individual se disipaba.
M.S.: -- En el transcurso nos dimos cuenta que los documentales no tenían que estar dirigidos sólo a la formación de militantes o buscar un público culto sino que debían llegar a todo el público. Investigando nos encontramos con preguntas que ya se hacía Raymundo Gleyzer y los integrantes del Cine de la Base como el uso del humor. El humor como recurso para que la gente se sienta identificada, se ría, lo disfrute. Entonces, la base está en lo planteado por Raymundo: los trabajadores tienen que comprender las películas a partir de recursos como el humor, después pueden seguir agregándose metáforas y demás recursos.

-- ¿La política cultural es la herencia más importante del PRT-ERP?
M.S.: -- Un proceso histórico siempre está acompañado de un movimiento cultural porque es el espacio de libertad en los momentos más difíciles, un lugar de resistencia.

-- ¿Qué encontraron de particular en el movimiento cultural del PRT-ERP?
M.S.: -- Las experiencias del grupo literario y editorial Barrillete, el Cine de la Base y Libre Teatro Libre fueron experiencias muy enriquecedoras y poco conocidas. Por ejemplo, cuando comenzamos a investigar la historia de Haroldo Conti encontramos que él tenía una fuerte inserción en el PRT, pero sólo se lo conoce como escritor, y nos pareció importante dar a conocer su militancia. Así, también se habilita el debate del compromiso político de los intelectuales, una discusión que mantiene en la actualidad aunque con menos intensidad que en los '70 y de una forma más lavada.

-- A lo largo del documental, las posiciones de Santoro y Conti parecen diferenciarse un poco en cuanto a la relación de su arte y la denuncia política.
O.N.: -- Haroldo decía que no podía escribir una novela que movilice a las masas porque no quería hacer panfletos, pero sus posiciones tenían en común que ambos buscaban aportar a la revolución desde su trabajo artístico. Lo que intentamos mostrar en el documental es que todos los integrantes del movimiento cultural del PRT-ERP intentaban perderse como intelectuales. María Escudero lo había escrito en una carta a Haroldo: “Ya no somos intelectuales, somos laburantes cualesquiera”. No se sentían distintos por ser intelectuales, ese mote lo entendía en una lógica de categoría burguesa. Antes que su condición de artistas o pensadores estaba el proyecto de la revolución. El movimiento era lo más importante y la cultura una de las experiencias que lo acompañaba junto al Movimiento Nacional de Base, el Frente Antiimperialista por el Socialismo y la creación del Frente Antiimperialista de Trabajadores de la Cultura (Fatrac). Recuperar estas historias permite dar debate para pensar en la actualidad qué tipo de cine, teatro y literatura queremos.

-- Esa relación entre arte y militancia llevó a rupturas dentro de las disciplinas.
O.N.: -- En todas las artes se puso en cuestión el contenido y la forma. En el teatro se observa bien que la intención no era contar historias sacadas del pueblo sino que era el mismo pueblo el que debía narrarlas. Por eso la experiencia del grupo de Libre Teatro Libre de ir a los ingenios azucareros de Tucumán a intercambiar experiencias con los trabajadores (que concluiría en la última obra del grupo El fin del Camino, 1973). O el cine de Raymundo entregando la cámara a los obreros.
M.S.:-- En el cine había una corriente latinoamericana y mundial con el cine del tercer mundo. Hay cartas de Raymundo con compañeros chilenos que vivían el proceso de la Unidad Popular (partido que llevó a la presidencia a Salvador Allende). De hecho, el primer trabajo de Raymundo es La Tierra Quema en Brasil y después México, la revolución congelada. Libre Teatro Libre se forma al separarse de la carrera en la Universidad De Córdoba, por lo que rompen con la institucionalidad y eso se refleja en sus obras rompiendo con la convencional para llevar el teatro a sindicatos, barrios y organizaciones. Y el grupo literario Barrilete realizaba sus informes sobre la realidad política y social a través de poesías y dibujos que vendían en los kioscos. El último fue el Informe sobre Trelew (la masacre de militantes que intentaron escapar del penal de Rawson durante la dictadura de Agustín Lanusse).

-- ¿Qué ocurrió con el Fatrac?
O.N.: -- Cuando se da el golpe militar de 1976, el ERP casi no existía en Tucumán. Los mismos militares reconocían que ya habían sido exterminados los grupos guerrilleros. Sobre el final del documental se dice que la dictadura no estaba destinada sólo a la guerrilla sino al movimiento de masas del cual los artistas e intelectuales eran los voceros. Es así que la última obra de Libre Teatro Libre sólo puede realizar cinco funciones en Córdoba antes de que muchos de sus integrantes vayan al exilio. Y la editorial Barrillete fue cerrada en 1975 por la Triple A.

-- ¿El documental permite repensar el arte como herramienta de comunicación o estética?
O.N.: -- Ambas cosas van de la mano, hay que lograr que quien vea la película no sienta que está viendo un panfleto. Lo difícil es que el espectador actual no es el de los '70, tiene la influencia de Hollywood y la Tinellización de la realidad. La película tiene que llegar desde el humor, las emociones y el espectador debe llevarse algo que lo movilice. Para pensar los documentales usamos la figura del “espectador sentado” y el “espectador parado”. La intención es que el espectador no se limite a sentarse a ver la película sino que se vaya del cine parado frente a la realidad con la consciencia de que es posible cambiar el sistema y hay otras maneras de relacionarse.
M.S.: -- A pesar de que hay poco público organizado políticamente el cine es una herramienta de rápido impacto. Por eso, hay que desmitificar la tecnología y hacer el esfuerzo de realizar un buen trabajo. En el país hay miles de estudiantes de cine y sin embargo hay poca producción porque las universidades forman con el impedimento de la tecnología. Esa es nuestra ventaja de no habernos formado como cineastas.
O.N.: -- En nuestras proyecciones, nunca nadie nos criticó por una falla del sonido sino que nos felicitaron por la historia contada. Creo que la historia le va ganado a la tecnología.

-- ¿Creen que después del 2001 resurgió el espíritu del arte colectivo y de base?
M.S.: -- Con el surgimiento de muchos grupos de cine y contrainformación apareció otra vez la organización como esperanza. La primera película de Gaviotas… empieza con una cita de Rodolfo Walsh en la que indica que las clases dominantes nos hacen creer que no tenemos historia. Por eso creo que el objetivo del documental tiene que ser contar las luchas del presente, pero también recuperar la memoria de lucha para analizar los errores y a partir de allí recrear formas nuevas de pelea. Ese es nuestro compromiso. Y con tantas experiencias como la nuestra en cine, teatro y otros espacios, imagino que en algunos años los debates serán muchos más ricos.
O.N.: -- La actualidad del cine documental puede ejemplificarse con la formación de Documentalistas Argentinos (DOCA). Allí nos nucleamos 200 documentalistas, marxistas, peronistas, trotkistas, individualistas que trabajamos sobre distintos temas. Lo interesante es el debate, la pelea en común por ganar espacios de exhibición y dentro del INCAA. Pero estamos en un momento complejo porque las luchas no son tan efectivas como algunos años atrás. El enemigo no es tan claro y eso se refleja en los documentales donde se multiplican los informes, la denuncia y no se apunta al fondo de las cuestiones. El kirchnerismo es lo mejor que podemos obtener desde la burguesía, pero hay un paso más. Ojalá logremos hacer documental para generar consciencia crítica y profundizar el cambio.

* Un arma cargada de futuro se podrá ver mañana en el Espacio La Gomera, Quíquela Martín 1799, Ciudad de Buenos Aires.